Santiago de Chile.
Revista Virtual. 
Año 2
Escáner Cultural. El mundo del Arte.
Número 13.
12 de Enero al
12 de Febrero del 2000.

MARIO CARREÑO
UN PASO MAS ALLÁ DE LA REALIDAD

Por: María Soledad Mansilla Clavel.

Mario CarreñoComo si estuviera destinado a recorrer completo un siglo y a ser habitante del mundo, Mario Carreño nació en Cuba un 24 de Junio de 1913, para morir en Chile - su país de adopción - pocos días antes de finalizar la centuria y a pocos pasos del 2000. Desde niño se sintió atraído por el dibujo y ya a los nueve años obtuvo un premio con un retrato de su hermana en un concurso que por esos tiempos, 1922, organizaba un periódico de La Habana de nombre El Mundo.

Sus primeros estudios plásticos en dibujo los desarrolla en la Academia de San Alejandro con el profesor y pintor Rodríguez Morey, mientras su primera exposición individual tiene lugar en la Galería Meras y Rico de La Habana en 1930, apenas con diecisiete años de edad. También coopera por esos años con ilustraciones para el diario dominical, lo que nos confirma su temprano talento para el dibujo. Pronto se hace patente la delicada situación cubana bajo el régimen dictatorial de Gerardo Machado y el joven artista, lleno de temor e ilusiones, emigra a Europa en 1932 en el barco Sierra Ventana que lo transportará hasta La Coruña, siendo España el primer país de varios donde emigró escapando de los desastres de la guerra, cuyos horrores lo marcaron desde su primer e inevitable acercamiento al enfrentamiento civil español. Su pintura se percibe en este tiempo con fuerte influencia clásica, especialmente grecorromana.

Seated Woman1943Woman with Vines1943

En Madrid consiguió un puesto en una imprenta e hizo duraderas e importantes amistades entre lo mas selecto de la vanguardia intelectual: Rafael Alberti, Federico García Lorca, Acario Cotapos, Manuel Altolaguirre, Miguel Prieto, Ramón Gómez de la Serna y también Pablo Neruda con quien consolidó una amistad que duró hasta el fallecimiento del poeta. De hecho, los mascarones de proa que aparecen a menudo en sus obras, aluden a su amigo. La guerra civil hizo trizas la precaria estabilidad adquirida en esos tres años y el artista decide volver a América, específicamente México, de cuyos muralistas ya había tenido noticias Europa. Corría 1936.

Mario Carreño - Guajiro a caballoEl movimiento muralista mexicano lo impactó en lo más profundo de su ser. La fuerza y el contenido social de la obra de Diego Rivera, Rufino Tamayo, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros, a quienes conoció personalmente, le hacen replantearse el sentido de la pintura y comprende que allí nacen las raíces de la cultura latina, la suya, la nuestra. El mural ingresa a su obra pictórica definitivamente, hasta poder decir que la grandiosidad del sentido muralista se quedó para siempre en la obra de Mario Carreño.

Un corto tiempo en Cuba, en el que obtiene el Premio de Honor del Salón Oficial de La Habana, 1937, y regresa al Viejo Continente, esta vez a París, que por ese entonces era el centro del arte mundial y a donde todo artista aspiraba a llegar para imbuirse de la revolución que significaban las nuevas tendencias artísticas; la nueva pintura. Se contacta de cerca con el cubismo, surrealismo, con los integrantes de lo que se llamó la Escuela de París, la abstracción y en general con todos los movimientos vanguardistas. Sus grandes amigos fueron Oscar Dominguez, un pintor surrealista y Onorio Condoy, un escultor que le presentó a Picasso. Trabajó intensamente para consolidar su nombre en los círculos plásticos parisinos apoyado por una conocida galería, la Bernheim - Jeune, donde expuso individualmente en 1939.

Mario Carreño - Geografía de la AngustiaLa Segunda Guerra Mundial le sorprende con 26 años apenas y le obliga otra vez a abandonar lo obtenido, a salir de Francia, pasando primero a Italia donde logra embarcarse en un transatlántico que lo regresaría a América, siempre América, esta vez a Nueva York donde llegó en 1940 y se quedó por varios años, estudió, pintó e hizo clases como profesor de pintura en The New School for Social Research. Un par de años en Cuba traen de vuelta los paisajes de la isla a su paleta, pero pronto regresa a la Gran Manzana, sin cortar su contacto con su tierra natal, tanto así que gana allí el Premio Nacional de Pintura en el Salón Oficial de La Habana en 1954. Individualmente en Nueva York expuso en 1941, 44, 45, 47 y 51 en la Perls Galery, en 1943 en el Modern Art Institute de Boston y en 1944 en el Museum of Art de San Francisco, California. Por ese mismo tiempo logra el Premio de Adquisición en el Concurso de Afiches "Modern Publicity" de la Container Corporation of America en Chicago (1946), la Medalla de Honor en la Exposición Interamericana de Arte de la Universidad de Florida (1951) y el Premio Internacional Guggenheim en 1956. En esta etapa neoyorquina su pintura sigue teniendo fuerte influencia neoclásica, mientras los temas cubanos marcan su regreso a la cuidad de los rascacielos en una exposición en el Museo de Arte Moderno.

Mario CarreñoSu primera visita a Chile se produce en 1948 con motivo de una exposición en la Sala del Pacífico que se repetiría al año siguiente. La Editorial chilena Pacífico publica un libro de sus dibujos titulado "Antillanas". El mismo año expone en la Galería Bonino de Buenos Aires. Tal vez no imaginó que la calidez de los chilenos lo atraparía para siempre y aquí echaría raíces, cuando se enamora y se casa con la pintora Ida González con la que formó su familia, regresando a nuestro país para establecerse definitivamente en 1957. La abstracción ya se insinúa en su obra y en nuestro país se consolidará en la década siguiente.

Sin embargo fue el impacto que en el artista produjeron los encuentros con la violencia, destrucción y muerte de la guerra, lo que se fue grabando en su memoria en forma de imágenes y que mas tarde aparecería en su pintura en este estado de madurez plena en la serie mas importante de su obra: "El Mundo petrificado". En ella tanto los seres humanos como los objetos aparecen fracturados, lo que obedece a un modo del artista de expresar su constante temor frente a una tercera guerra, un holocausto nuclear en que se imagina a seres indefensos y a las cosas convertidos en piedras y minerales, por lo que les otorga un importante volumen que a su vez los transforma en objetos escultóricos, fríos, que recuerdan la imponente estatuaria griega, dulcificada acaso por la plasticidad de los clásicos ropajes y pliegues. Ha significado por otra parte, la vuelta a la figuración y a la figura humana que ya no abandonará.

La ausencia de rasgos faciales de sus personajes, mayoritariamente femeninos, los hace universales, lo mismo que las visiones inventadas en sus ventanas de corte renacentista, abiertas al paisaje y por la que en forma natural entran elementos de este hacia el interior de las composiciones, al igual que otros objetos descontextualizantes presentes en la obra, que la trasladan a terrenos surreales. La geometría también se incorpora a su trabajo plástico, incluso las particiones cubistas desde mucho antes, mientras el realismo regresa como hito de continuidad imperturbable. "Figura con tatuaje" por ejemplo es una témpera sobre papel de 1947, ( Nueva York ) de corte totalmente cubista. Los objetos que acompañan al hombre en forma cotidiana, no pasan inadvertidos tampoco para el pintor, de modo que sus naturalezas muertas como único motivo de obra o incluidas como parte de la composición en otras obras, es común en Mario Carreño.

Mario Carreño - Araucana

El sello clásico de los comienzos reaparece tanto en las formas arquitectónicas de su predilección que en variadas perspectivas habitan sus lienzos, como en la figura humana de corte escultórico, especialmente sus personajes femeninos que alcanzan una particular dignidad, pareciendo todas diosas del Olimpo, incluso cuando cita en "Araucana" a nuestra mujer indígena. Hay elementos que por aparición repetida en sus telas se han convertido en símbolos de una suerte de semántica personal. Esta madurez pictórica puso un sello definitivo a la obra del pintor, grabador y muralista, también practicante del collage y acuarelista cubano-chileno. Se trata de una mixtura de estilos, reflejo de la mezcla, destrucción y caos contemporáneo y del devenir de la existencia que se ha ido sumando en la obra como los días a la vida, con base en un realismo que no se contrapone a las abstracciones, la geometría, al buen dibujo, a la técnica depurada, a lo clásico, lo simbólico ni a lo surreal: el estilo de Mario Carreño. En él las imágenes están detenidas en una especie de atemporalidad que se agrega a la universalidad mencionada de los objetos comunes y seres sin rostro, logrando producir una cierta inquietud en el espectador que le obliga a poner en juego su intelecto para descubrir los mensajes polivalentes de la obra. El fuerte acento surreal nos llevará a dar un paso mas allá de los sentidos, mas allá de la realidad tangible, que se suma a la pureza técnica evidente e intencionada, tanto, que prefiere las formas de similar pureza, la geométrica, para aumentar la carga del sentido de la propuesta que se advierte de antemano en la atmósfera de serenidad, quietud y limpieza que la obra respira y que aspira a la misma serenidad, quietud y limpieza en otros planos de la existencia.

Mujer con guitarra - Mario Carreño

En nuestro país tuvo un lugar importante en la plástica del siglo, fue profesor fundador, junto a un grupo de arquitectos y personalidades intelectuales de la época, de la Escuela de Arte de la Pontificia Universidad Católica, lo mismo que docente de la cátedra de pintura por más de veinte años. En 1959 obtiene el Premio Anual del Círculo de Críticos de Arte de Santiago y el mismo año expone en La Habana y Caracas. En 1962 viaja a París con auspicio de la Universidad Católica a presentar una muestra de pintura geométrica en la Galería Hauteffeuville y desde 1968 -69- 70 expone en la Galería Central de Santiago. En 1969 adoptó la nacionalidad chilena. Las presentaciones se suceden en el Instituto Chileno Norteamericano, en la Galería Imagen Escriba, en el Museo de Bellas Artes de Caracas, Galería The Art Contact y Galería Forma de Miami y en la Galería Epoca de Santiago.

Ganó los Concursos de la Sociedad Chilena de Seguridad para la confección del mural del Hospital del Trabajador de Concepción en 1979 y de la Clínica del Trabajador de Rancagua en 1983. En 1982 recibe en Santiago el Premio Nacional de Arte y el mismo año logra la Medalla de Oro de la Pontificia Universidad Católica.

Sus obras se encuentran en los Museos de Arte Moderno de Nueva York, de Arte de San Francisco, Bellas Artes de Caracas, Carroll Reece de la Universidad de Tennesse, EEUU., Bellas Artes de La Habana, Arte Moderno de Ceret, Francia, de La plata, Argentina, de Bellas Artes de Santiago de Chile, Arte Moderno de América Latina, O.E.A., Washington, y Metropolitano de Miami, Estados Unidos.

PARA : ESCANER CULTURAL
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