Escáner Cultural

REVISTA VIRTUAL DE ARTE CONTEMPORÁNEO Y NUEVAS TENDENCIAS

ISSN 0719-4757
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LA PERTURBACION COMO INSTANCIA ESTETICA

 

por Clemente Padín

 

Sin duda, sacar el arte a las calles ya es una forma de cuestionarlo puesto que se deslegitiman sus ámbitos naturales, el museo o la galería. La calle impone sus propias reglas y las relaciones que genera entre los diferentes agentes se extreman y absolutizan en torno a la comunicación social. Ya la obra no necesita ser “bella”, necesita ser funcional y consumible. Sus propios códigos deben favorecer la comunicación entre los transeúntes y el artista, no impedirla.      

 

El arte en la calle podría hacer tambalear y deslegitimar la naturalidad de las pretensiones de dominio del sistema y el supuesto orden natural del poder tal como se configura en los medios en la actual sociedad. Puede contribuir a abrir nuevamente el espacio en el que se articulen ideas discrepantes sobre las relaciones sociales e intervenir en procesos de discusión pública. Y, por toda otra consideración, se sitúan al margen de la institución capital de este sistema: el mercado (en este caso: el mercado del arte).  Por otra parte es, indirectamente, una forma de acción política de bajo tenor que, aunque subversiva por poner en evidencia las contradicciones sociales en algún lado y momento histórico, no lo es tanto que obligue al sistema a reprimirla visiblemente. Al sistema le basta con poner por delante “las buenas costumbres” para controlar a esos pequeños grupos de “antisociales que no saben respetar las normas naturales de la convivencia social”.

 

 

El arte en la calle o, como se suele llamarlas, intervenciones urbanas, identifican estas reglas al nivel de la gramática cultural, de las convenciones y de las normas convertidas en vinculantes y las subvierte mediante acontecimientos momentáneos, inesperados y, en consecuencia, difícilmente reprimibles. Las acciones en la calle persiguen la deslegitimación de las normalidades aparentes. Allí en donde las convenciones habituales aparecen como necesarias y definitivas, la intervención urbana nos remite a su índole social convencional y denuncia así, su carácter modificable. Aunque, no olvidemos, que la crítica radical de las acciones en la calle mantiene, sin quererlo, la ficción liberal de las libertades públicas o la diversidad cultural que nos impide apreciar la realidad de las instituciones y la realidad de las relaciones sociales desreguladas.

 

 

La ideología funciona, entre otras cosas, porque apenas si se cuestionan las normas y reglas que fundamentan el sistema de relaciones sociales. Atacarlas y formular reglas de juego propias significa poner en cuestión la legitimidad del sistema. La recuperación ideológica que los mecanismos de control ejercen en los conglomerados sociales en favor del sistema hegemónico sólo es posible evitarlo “contextualizando” la obra en lo social y no en “el mundo de la ideas”. El arte que debiera reflejar la especificidad de lo humano está hoy tan distorsionado que sólo se puede hablar de él a través de un discurso "autónomo" o "a-histórico", fuera de las leyes falibles de lo humano. Por ello permanece aislado en Museos o Galerías alienándolo de la realidad social que, en última instancia, lo genera. Dos caminos le restan al artista en la calle: el desmenuzar normas aceptadas de composición de la obra y la proposición de nuevos algoritmos de realización, es decir, deshacer y recrear los códigos de lectura/escritura de la obra. No tanto el destrozo y recreación de las formas de expresión cuanto el planteo de nuevas propuestas.

 

 

Es en este lugar en donde se inserta la propuesta ESTETICA DE LA PERTURBACION de Silvio de Gracia, una nueva consideración acerca de los objetivos sobre los cuales poner el acento en las acciones urbanas. No se habla de nuevos procedimientos o nuevas formas expresivas sino de cómo orientar las ya conocidas. La “perturbación” se aplica a lo ya vigente o lo ya sabido, a las consetudinarias normas del vivir societario. La disrupción en medio de la plaza o de la calle que altera abruptamente el curso “casi natural” del movimiento de la gente en la ciudad:

 

¿Con qué finalidad?  En palabras de Silvio de Gracia:

 

“(…) Sacudir la inercia de la trivialización de los comportamientos humanos es el objetivo. Pero esto no para transformar la realidad, sino tan sólo para crearle fisuras, abrirle intersticios, y “parasitarle” su tejido racional y restrictivo. (…) la interferencia busca contraponer la peligrosidad del desconcierto; a la linearidad de los vínculos humanos”

 

 

El arte en la calle de hecho identifica estas reglas al nivel de la gramática cultural, de las convenciones y de las normas convertidas en vinculantes  y las ataca mediante intervenciones momentáneas, inesperadas y, en consecuencia, difícilmente reintegrables o reprimibles. Las acciones persiguen, por lo tanto, la deslegitimación de las normalidades aparentes lo cual parece coincidir con la propuesta de Silvio de Gracia. Allá donde las convenciones habituales aparecen como naturales y definitivas, nos remiten a su construcción social y nos muestran así también su carácter modificable aunque no se ponga el acento en los cambios sociales. La opinión pública funciona, entre otras cosas, porque apenas si se cuestionan las normas y reglas que fundamentan el sistema de relaciones sociales. Atacarlas y formular reglas de juego propias, como en este caso, significa poner en cuestión la legitimidad del sistema.

 

 

La ESTETICA DE LA PERTURBACION no está muy lejos de las actitudes del Fluxus, basadas en sus concepciones sobre la autonomía del arte y, sobre todo, por su gusto por el acontecimiento, el ruido, lo ocasional, el azar, lo que ocurre en un espacio y un tiempo desregularizado. También lo está por su actitud ante lo social: recordemos  que la concepción del Fluxus Art contradecía abiertamente las ideas de, p.e., un Theodor Adorno quien denunciaba a la autonomía del arte como “un atentado cultural”. De cara al compromiso político – social del arte occidental de los 60s. (como se expresó en el Mayo Francés), John Cage llegó a decir:

 

“(…) no estoy tratando de combatir el mal, sino reafirmando lo que a mí me parece positivo".

 

Es decir, anteponiendo lo individual a lo social. Sin embargo sabemos que, por acción u omisión, no podemos obviar lo social ni la indudable influencia que el arte ejerce en el resto de las dimensiones humanas, como la educación, lo político, etc., porque estas áreas no son entelequias flotando en los anillos de Saturno, al contrario están indisolublemente entremezcladas y unidas a nuestra vida cotidiana.

 

 

Ejercer el arte con implicancias sociales no implica negar el concepto arte/vida. Podríamos decir que provoca lo contrario: desestimar explícitamente lo social en el arte significa aislar al arte de la sociedad que lo genera en última instancia. Es llevar al arte al campo de las ideas absolutas confirmando el conocido aforismo de los conceptualistas, “El arte es la idea del arte”. Sin embargo, tal como lo define de Gracia perturbar es “generar acciones que impliquen una ruptura o una grieta, aunque no sea más que mínima y efímera, en el entramado de los condicionamientos sociales” que es, en sí mismo, “interferir” en el sistema societario poniendo de relieve sus carencias y sus imperfecciones. 

 

 

En palabras de Silvio de Gracia: “(…) Ya no se trata de instalar producciones simbólicas encabalgadas en el discurso del arte politizado…” Sin embargo, en razón de la interpenetrabilidad de las áreas humanas es imposible desgajar la política del arte: es imposible. Vivir o ser artista es ya una decisión política. Implícitamente cualquier acto, aún respirar, es un acto político (que pudiera tener índole artística si se hace con “arte” o accede a instancias simbólicas). Lo que si es posible es enfatizar el constructo “arte” de tal manera que determine el curso de las demás áreas (política, social, religiosa, educacional, etc.), es decir, en el caso de la perturbación como propuesta, un arte prioritariamente estético que proviene y se dirige al arte.

 

 

Pese a estas discrepancias es destacable y alentador, en sumo grado, la aparición de propuestas de carácter teórico en relación a las artes de la acción que renueven y favorezcan transformaciones a nivel de realización. En este caldo de cultivo del entrecruzamiento de las ideas se hamacan los cambios…

 

Montevideo, Uruguay, 31 Julio, 2007

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