Santiago de Chile. 
Revista Virtual. 
Año 3   
Escáner Cultural. El mundo del Arte. 
EDICIÓN ESPECIAL
nº 13
Abril de 2001. 

ARTE CORREO

EN LAS AVANZADAS DEL ARTE LATINOAMERICANO

EL CONCEPTUALISMO O EL SENTIDO IDEOLOGICO DE LA VANGUARDIA LATINOAMERICANA

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Clemente Padín, Montevideo, Uruguay

Vanguardia proviene de la palabra francesa avant-garde y designa aquella parte del ejército que precedía al grueso de la tropa. Por traslación pasó a designar todo aquello que "abría camino" o que "iba al frente" y se integró a todo tipo de disciplinas, ya fueran científicas, filosóficas, artísticas, etc. Así fueron vanguardistas, en sus respectivos campos, Pasteur, Brecht, Holbach, Rousseau, Verdi, Mallarmé, etc.

En los primeros momentos connotó la actividad política y revolucionaria pero, ya a mediados del siglo XIX, se la usa referida a la actividad artística. También comienza a ser evidente el esfuerzo de los distintos sectores sociales por apropiarse del nuevo concepto puesto, quien "está a la vanguardia", está en situación de imponer sus ideas a los demás. Este interés se debió, sobre todo, al sentido que la palabra "vanguardia" tomó en cuanto a "señalar rumbos" o "marcar caminos". En cuanto un sector asume un fenómeno de vanguardia no hace otra cosa que afirmar su posición de estracto vigente en la sociedad. Al investirse vanguardia fortalece su "imperio" como en tanto sector social y ofrece su "camino" como única opción a los demás, al tiempo que niega su impotencia en la generación de valores.

Alvaro de Sá, (1977), expresa:

Sin una significación precisa (la vanguardia) denominaba los más diversos fenómenos que ocurrían en el seno de la sociedad, fenómenos éstos subordinados a las presiones económicas, sociales e ideológicas vigentes. La fluctuación denotativa era maniobrada por las clases establecidas en provecho propio, al procurar mantener cuidadosamente la definición de los fenómenos de vanguardia en un terreno nebuloso e impreciso. Así fueron connotados simultáneamente como de vanguardia tendencias distintas e incluso antagónicas: el futurismo ruso y el futurismo italiano (de tendencia socialista el primero y facista el segundo); el constructivismo y el dadaísmo: el abstraccionismo geométrico de Mondrian y el surrealismo de Breton, el cine de Eisenstein/Pudovkin y el cine de King Vidor; en fin, fueron progresistas o retrógados eran rotulados como vanguardistas siempre que se manifestaran dentro de la contemporaneidad."

La misma confusión es apreciable cuando se mezclan campos diversos de la actividad humana y ocurre que son de vanguardia modas y diseños de autos o detergentes de uso familiar o tendencias técnicas en el tratamiento de cardiopatías. Incluso las mercancías son transformadas no para mejorarla sino para valerse de la idea de que "lo nuevo es mejor". Idem con tendencias artísticas consideradas de vanguardia aún cuando sus posibilidades informacionales se hayan agotado. Los ejemplos abundan: el objetivo es banalizar el término para evitar que una connotación precisa y unívoca permita al otro bando social cobrar alguna ventaja ideológica ya que, si no se puede estar " de punta" o a la vanguardia, generando nuevas conquistas en el área que fuere, por lo menos, se puede aparentarlo valiéndose de la enorme capacidad de difusión informativa que los medios de comunicación masivos poseen.

A tal punto importa ser el "primero" que, incluso, impregna zonas imprevisibles de la actividad humana. Así, p.e., la lucha por el avance científico o por la conquista del cosmos asume un carácter ideológico notorio: ya no se trata de una innegable conquista científica de llegar a la Luna, sino de ser el primero en hacerlo. Vanguardia, en el campo de la comunicación, es toda información que aumenta nuestros conocimientos en esa área específica, es decir, todo aquello que acrezca nuestro saber en los campos de la teoría y la práctica comunicacional. Tales entidades, la teoría y la práctica, integran un conjunto de conceptos y técnicas de actitudes sociales y informaciones que, a su vez, constituyen el repertorio global de la humanidad en un momento dado de su historia. Por gradación se habla de repertorio social referido al conjunto de conocimientos de una sociedad dada (o lo grupal, individual, etc.). La interacción entre los distintos niveles es dialéctica y puede obrar tanto en sentido positivo -cuando la información aumenta el repertorio- o en sentido negativo cuando existe pérdida de información.

A su vez la interacción entre los repertorios es recíproca, interinfluenciándose permanentemente: p.e., el automatismo psíquico utilizado metódicamente por los surrealistas es una información surgida en el área del Psicoanálisis; a su vez, la expresión plástica surrealista ofrece no pocos elementos de juicio al posible diagnóstico psicológico. Cada nueva información provocada por la vanguardia nos obliga a repensar total o parcialmente los conocimientos ya existentes y, en muchos casos, a rectificarlos. Así accionó la teoría de la Relatividad de Einstein en relación a la Física Clásica. Y, también, los descubrimientos de Carlos Marx y Federico Engels en relación a las Ciencias y la Filosofía. A veces, la nueva información corrobora los conocimientos ya dados. En ambos casos, cada aporte, nos acerca más y más a la verdad en los sectores específicos en donde surgen y propician, a su vez, nuevas informaciones, en un desarrollo dialéctico sin fin.

Intimamente ligada a la teoría y práctica humanas y responsables (los comunicantes) por la permanente actualización de los repertorios y consecuente movilización de la humanidad a mejores niveles de existencia, la vanguardia se constituye, objetivamente, en una efectiva producción de informaciones, de comunicación. Y, en cuanto producción, se enmarca en la totalidad de la producción social dependiendo, entonces, del nivel alcanzado por las fuerzas productivas en un momento y lugar dados. Conocer, es decir, saber la información sobre un objeto o fenómeno nuevo es el fruto de una compleja acción que crea el concepto adecuado al objeto o suceso que se desconoce a la luz de su realidad objetiva. Producir formulaciones y/o juicios que asumen la forma de fabulaciones enmascaran las condiciones reales de la vida social, produciendo, no información, sino ideología que nada agrega al repertorio social de conocimientos. Bajo este punto de vista, la ideología se presenta como una manipulación del repertorio, una mera redundancia incapaz de generar conocimientos aunque contenga elementos informacionales ciertos. En cuanto elemento de la superestructura que asegura la relación entre los hombres y de éstos con sus condiciones de vida, no desmiente su carácter falaz, instrumentada por la clase social que controla los medios de producción y que sojuzga a los demás sectores haciéndoles aceptar pasivamente su condición de explotados en virtud de "su suerte" o la "voluntad divina" o en virtud de "inexcusable deber moral del trabajador", etc., y que, a su vez, les autoriza a ejercer la explotación ya que "sólo aceptan el orden natural existente..."

La comunicación, en cuanto producto, presenta dos características: por un lado es parte indisoluble de la producción social. Por el otro, se constituye en un auxiliar de esa misma producción al favorecer sus procesos (como fuerza de trabajo productivo) o dificultarlas, contradiciendo las relaciones de producción existentes (como forma de trabajo improductivo). Alvaro de Sá, en su libro citado, afirma:

"En la realización de la producción social se tornó necesario que los hombres establecieran una relación capaz de permitir una acción colectiva ordenada. Así, resultante de la actividad productiva, surgió la comunicación que permitía también, el intercambio de procedimientos, sensaciones e ideas entre los miembros de cualesquiera generaciones. De este modo la comunicación se tornó, ella misma, en factor importante para el avance de la producción. Producto y comunicación pasaron a integrarse dialécticamente y, ésta última, también actividad productiva, se incorporó íntimamente a la vida de las sociedades, tornándose en uno de sus principales aspectos. En cuanto actividad auxiliar de relación, la comunicación refleja el carácter de las relaciones de producción, los antagonismos sociales resultantes y las contradicciones que estas relaciones de producción presentan con las fuerzas productivas. Es, entonces, en este nivel, y sólo en él, que la comunicación asume el carácter de ideología."

Así es evitable el fácil mecanicismo que nos podría inducir a considerar la actividad artística improductiva como vanguardista (por el hecho de oponerse a las relaciones de producción vigentes en este sistema) como producción generada para preservarla. Del pasado reciente sobran los ejemplos: sólo recordemos el "arte degenerado" del facismo alemán en el cual la función ideológica del arte (o la comunicación) es decretada por el Estado y, todo lo que no favorezca la hegemonía de sus ideas, es improductivo, es decir, "degenerado" y, como tal, prohibido.

Plenamente vinculada a la práctica social, no abstracta, sino concreta, en un lugar y tiempo determinados, la creación artística no puede dejar de teñirse con las peculiaridades del medio en donde se gesta y torna única y singular cualquier información nueva surgida en el ámbito restricto de una comunidad, adviniendo universal en cuanto accede, vía canales de comunicación, al repertorio global de conocimientos de la humanidad. Es evidente, entonces, que en cada lugar y tiempo, la producción de comunicación variará no sólo a nivel de la imprevisibilidad o grado de tenor informacional sino, también, en cada rama de la actividad humana, influyéndose mutuamente: así, los descubrimientos en una determinada práctica permite otros en otras. Este producir, al reflejar las relaciones de clases que le da origen, no puede dejar de reproducir ideológicamente esa realidad, y no otra. Sin duda, al transponer una vanguardia particular a otro ámbito social, con otras condicionantes socio-económicas diferentes, ganará elementos propios de ese entorno. Así es comprensible cómo un movimiento formal como lo fue el Dadá en sus comienzos en Zürich deviniera en otro de decidido carácter político como sucedió en Berlín. O bien que del futurismo italiano de índole facista surgiera el futurismo ruso al servicio de la revolución socialista.

Además, desvirtúa la aseveración que dan como imposible la generación de vanguardia en países o sociedades dependientes y que, en todos los casos, al hablar de vanguardia, sólo se está reproduciendo la ideología de los países metropolitanos o superdesarrollados. Es preciso comprender que cada información nueva es, además, el reflejo no mecánico de la ideología del contexto social en donde nace y o de otro lugar. Es el resultado de una actividad experimental a partir de lo social que tiene sus peculiaridades propias que determinan el lugar de su vigencia histórica como vanguardia y que luego se difunde al resto de los repertorios tornándose universal. Lo que, a veces, se nos presenta como vanguardia no es otra cosa que moda, es decir, el transplante frío, sin mayores reacondicionamientos, de informaciones que, si bien en sus lugares de origen fueron legítimas, en los nuestros puede provocar retrocesos siendo, en general, productos preparados para perpetuar nuestra enajenación con todo lo que tenga que ver con nuestra realidad. Tal el caso de formas de vida o de pensamiento que ofician como reaseguros del régimen vigente, al distraer la atención hacia respuestas que nacen en otras realidades. También es dable ver cómo, a veces, esas informaciones, reelaboradas y asumidas en el contexto social, cobran nuevo sentido.

Un ejemplo reciente y paradigmático nos permite enfatizar que cualquier análisis sólo puede darse inserto en una práctica social dada. Tal el caso del Conceptualismo, corriente artística nacida en los países occidentales superdesarrollados a mediados de la década de los 60 y que pronto se difundió por todo el mundo. La característica esencial del Conceptualismo, es decir, la nueva información que proponía, era dejar de lado el énfasis en cómo era representada la realidad en las obras de arte, para ponerlo en los medios utilizados en esa representación, sobre todo, el interés en los mecanismos actuantes en la comunicación estética por sobre lo que la provocaba, es decir, el objeto artístico. Más que la obra de arte, su ideación, incluyendo la confrontación de los diferentes lenguajes que la expresaban. Así, uno de sus máximos cultores, Joseph Kosuth, exponía objetos junto a sus representaciones. A él se debe la definición más precisa del Conceptualismo: "El arte es la definición del arte", el arte como idea de sí mismo, el intento por arrancar al arte del objeto valiéndose de metalenguajes (por tratarse de lenguajes que comentan o representan a otros). No una forma de conocimiento de la realidad (con el ánimo de transformarla) sino un conocimiento a lo sumo gramatical (el arte es el arte). Así opera el metalenguaje que comenta o describe el objeto, con lo cual las posibilidades de generar información acerca del mismo son casi nulas. Por ejemplo, la obra de Kosuth "Clear, Square, Glass, Learning" exhibe precisamente lo que significan esas 4 palabras: vidrios, limpios, cuadrados e inclimnados (sobre una pared). También un cúmulo de obras similares que se refieren a propiedades obvias e intrínsecas al objeto como p.e., escribir "blanco" sobre una hoja blanca con pintura blanca o la palabra "piedra sobre una piedra, etc., son bastante gráficas de esta actitud.

Sin embargo, cuando el Conceptualismo llega a nuestros países, promovido por el Instituto DiTella y el Centro de Arte y Comunicación de Buenos Aires, Argentina, no tarda en teñirse con las peculiaridades de nuestro entorno social, caracterizado por la agudísima lucha de clases que estaba asumiendo formas dramáticas. Así lo atestigua, p.e., la exposición organizada por el CAYC en la Plaza "Roberto Arlt" de esa ciudad, en 1972, en donde varias obras concretan planteos conceptualistas, no como mero repetidor insustancial de información sino como metalenguaje aplicado a poner en evidencia los mecanismos actuantes en la estructura de la obra, desmitificando su funcionamiento. Destruyendo el "pathos", el falso aire de misterio y el "aura" con se rodea, intencionadamente, el "milagro" de la obra de arte, aplicándose a contenidos históricos concretos y no ideales. Este recurso conceptualista que puede valerse de cualquier técnica o disciplina artística, adquiere una función informacional evidente, evitando que sea utilizada sólo para sumar cualidades intrínsecas al objeto o fenómeno real, no sumándose a la banalización del conocimiento o a la información sobre hechos y cualidades superficiales que neutralizan de información vital, la que haría avanzar a la humanidad a mejores niveles de vida.

Dentro de las obras presentadas en esa exposición se recuerda "La Realidad Subterránea" de Luis Pazos, Leonetti y Laferrière, quienes, aprovechando unos pozos existentes en la Plaza, dibujaron 16 cruces blancas en recuerdo de os presos políticos recientemente ametrallados en la cárcel de Trelew

Trelew

o la cinta funeral con que Horacio Zabala enlutó el recinto en homenaje a los caídos. El metalenguaje aplicado creativamente pone en evidencia el medio expresivo empleado en la obra en términos de desmitificación, es decir, no reproduciendo el mito de la obra "única y genial" ante la cual hay que extasiarse sino que expresa la información a descubrir.

Horacio Zabala.

También en este ítem hay que ubicar al Arte Correo, modalidad que por su índole no-comercial y por su característica de privilegiar la comunicación personal por sobre toda otra consideración de técnica, corriente, estilo o disciplina artística empleada, participa de aquella preocupación conceptualista contra el consumismo, el mercantilismo o lo estetizante propios, en general, del arte concretado en el objeto o, su deformación, la mercancía artística. Las propuestas de Liliana Porter y Luis Camnitzer enb el Instituto DiTella y la edición de postales de Clemente Padín, por la revista "OVUM 10" en 1969, pueden considerarse inaugurales en América Latina aunque, en los hechos, ya se venía practicando desde hacía tiempo, vía canje de publicaciones y obras.

La nueva información que aportó el Conceptualismo y el Arte Correo al repertorio estético-social de nuestros países, en contacto con nuestra peculiar realidad, se modificó sustancialmente e, incluso, generó nueva información que, a su vez, se revertió a la matriz original, dando cuenta del proceso contínuo y de interinfluencia entre las vanguardias.

Cada momento de la vida de los pueblos propone nuevos problemas a ser dilucidados en el marco del desarrollo de sus fuerzas productivas. Del repertorio logrado a través de su historia, confrontado a las necesidades que dicta ese desarrollo, surgen las respuestas que no son otra cosa que las nuevas informaciones que impulsan el avance de aquellas fuerzas a niveles superiores. Pero esas informaciones no se concretan sino están allí los hombres, los productores de comunicación, los constructores de conceptos que, con su actividad experimental e de investigación, consciente y deliberada en todas las áreas del conocimiento, incluida la artística, impulsan a la humanidad hacia delante, a nuevas auroras.

Editada en la revista "Carta Cultural", Nro.1, Montevideo, Uruguay, Noviembre de 1987 (con ilustraciones). Presentada en el XI International Congress in Aesthetics, realizado en Nottingham, Inglaterra,1988.



01- Indice

02- Tucumán Arde

03- El Conceptualismo o el Sentido Ideológico de la Vanguardia Latinoamericana

04- El Arte Correo en Latinoamérica

05- El Network y el Rol del Artista

06- Multimedia y Poesía Experimental en América Latina

07- El Arte en la Calle

08- Las Opciones del Artista Latinoamericano

09- Las Huelgas de Arte

 

Clemente Padín: C. Correo Central 1211, 11000 Montevideo - URUGUAY
Para ESCANER CULTUTRAL, Abril de 2000.

 


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