Santiago de Chile.
Revista Virtual.
Año 8

Escáner Cultural. El mundo del Arte.
Número 84
Junio 2006

ARTISTA INSISTENTE
Desde Chile, Enrique de Santiago

Hace algún tiempo atrás escribía acerca de una revisión del quehacer artístico nacional en un articulo titulado "surrealismo nuevas tendencias", y en base a ese anterior texto, es que deseo dar píe en este capitulo, a ciertos comentarios sobre una muestra que están siendo expuesta en la ciudad de Viña del mar. En esta inauguró el día 23 de Mayo el destacado artista visual Manuel Concha, un antiguo referente de este espacio, el cual ya nos inquietó el año pasado con su instalación de muy buena factura, titulada "Cenotafios", la que contenía una certera referencia al mundo del animismo y el fenómeno del entrelace cultura-arte-marginación. Y posteriormente repite esta impresión con una celebre intervención urbana denominada "Conversión", realizada en un espacio público ubicado en el sector del paso lateral del Metro estación "Ñuble", la cual después fue llevada a la Galería Bech de nuestra capital, para que finalmente fuera montada en la calle del sector Lastarria, cercano a las faldas del cerro Santa Lucía o Huelen como lo designaban los antiguos habitantes originarios de este valle del centro del país.

Hoy día retoma su afán de mostrar, pero de manera aparentemente distinta, aunque manteniendo la presencia de aquellos elementos pictóricos que acompañaron sus anteriores instalaciones e intervenciones urbanas, ahora eso sí, de manera esencialmente protagónica. Este es un nuevo esfuerzo pero en forma de retrospectiva, es un cuidado y muy bien realizado montaje en la prestigiosa Sala Viña del mar, en la calle Arlegui, la cual limita con la plaza céntrica de la ciudad jardín. Esta nueva muestra de Manuel nos expresa su amor primario por el trabajo sobre caballete, mostrándonos el desarrollo de sus bien manejados conceptos, acerca de la forma y el color sobre el plano bidimensional, aquí entonces rebosa la pintura, lengua madre de las bellas Artes. Es en este territorio, tan dejado de la mano de la critica en estos tiempos, pero a la misma vez uno de los mas practicados por los artistas de hoy en día, es aquí donde Manuel hace y rehace, construyendo provocaciones interminables e intermitentes con su acostumbrada ironía, conmoviéndonos con sus seres solitarios, cargados de absurdo e impotencia, que provocan en el público un sin fin de sensaciones, o despertares, las cuales después de pasado el grato y dulce sorbo del impacto inicial producto del vibrante color de la primera impresión, esta sensación pasa a un segundo estado o fase secundaria, de la misma manera que lo hace el conocido Caqui, pues esta al igual que el fruto, va dejando con posterioridad un sabor amargo. En el caso de la pintura de Manuel debido a su insistente carga de angustia, pues dentro de su obra los personajes aparecen ahogados bajo su rol de émulos de Sísifo, estos individuos subyacen en una atmósfera precaria en bienaventuras y buenos auspicios, estas escenas interpretan cabalmente la posición del espectador en su habitual transito mundano, y en su habitar cotidiano bajo la estructura impositiva de un modelo deshumanizado. Es aquí donde estos seres que parecen robustos, casi herculaneos, se ven débiles y diminutos ante la tarea impuesta por sus insospechadas vidas adultas. Es esta propuesta por lo tanto una suma de alegorías a la desesperanza del ser que deambula vacío de proyectos trascendentes, en donde su vida, carece de elementos que contengan alguna significancia que vaya mas allá del habito colectivo, de recolectar bienes e insumos, en una conducta cuasi imitativa de roedores básicos y paranoideos. El artista reconoce el problema, y el problema lo obliga, así como él cita en el principio de su catalogo a Antonin Artaud, en el verso que dice: "Al hacer esto no solamente impedía los daños del problema, sino la siembra azufrada, el tormento del punzón que gira en la garganta del único paso, con el que tetanizado.....suspendido sobre el abismo del aliento pintaba."

Mario Sobarzo, en la presentación del catalogo habla de la extemporaneidad del trabajo realizado por Manuel al medio que lo rodea, yo también me sumo a ese calificativo, pero acaso ¿es algo que le sucede a él exclusivamente?, pues la respuesta es que gran parte de los artistas del hoy, donde me sumo yo, y además muchos otros realizadores extemporáneos que vendrán en un futuro, van colocando el acento con un quehacer disonante que además muta a manera de intervalos o quantums de creación, este vuelve registra y avanza, estos aparentemente evocadores del pasado se convierten en algún punto del proceso en vanguardia, y se ven ahora también en nuestro medio, en exponentes netamente contemporáneos, o si no dicho de otra forma, es una manera anterior abriéndose paso como vigente y dejando caducas otras manifestaciones aceptadas, las cuales solo son sostenidas por una critica medrosa y fiel a su propio status quo, o dicho de otra manera a su propio beneficio pecuniario, nadie se atreve a romper el curso de la manada, so pena y castigo de ser presa de la soledad que inflinge la equivoca multitud, bueno si es a sí felices los anacoretas por desviar el rumbo, mas aún cuando este acto de rebelión reinventa viejas practicas esenciales, como la pintura al temple, el tratamiento de las pastas pictóricas y toma e incrusta las materialidades con un proceso solo atendido y practicado por un restaurador, bueno Manuel es también eso, un restaurador de oficio, él ha trabajado en encargos y trabajos de restauro, pero en estas actuales instancias las oficia de un restaurador- instaurador, un evocador-invocador, y por que no? En un surrealista-realista, una suerte de conformación de fuerzas opuestas poéticamente extendidas en el soporte, un drama donde todo conduce a un apacible equilibrio, en donde las poderosas instancias del valor del color, de la luz y de la sombra se conjugan en las obras, de manera sintética en algunas, y de manera predominantemente barroca en otras. Esta retrospectiva acusa el paso desde la estructura sintética en lo compositivo, pasando por un manierismo muy particular, a la maniere de Manuel, a la manera del indígena, aquel artista que se conmueve en su visita al Cuzco, su ciudad predilecta donde lo encandila el barroco latinoamericano, lugar donde lo conducen sus regresiones para reencontrarse con las epifanías que le ofrece el espíritu originario que clama desde lo profundo, pero para definirlo mejor es el Barroco indígena, con todas sus letras. Pues es aquí donde el trabajo de caballete, cobra su mayor vigor , y se observa con propiedad en el tratamiento de los fondos a los cuales les infunde una poderosa carga atávica, una pasión ígnea, propia de la convulsionada masa intestina de esta zona de los Andes, aquí los colores son sanguíneos, propios del culto a la Pachamama, son ocres arcillosos y son azules andinos, donde las veladuras sombrías hablan del oscurecimiento de la rica cultura altiplánica, sucumbiendo en manos del conquistador. Es ahí donde se ubica este ente actual que retrata el artista, con su gris vivencia, con una opacidad que no molesta en lo composicional, pero inquieta en lo emocional, es más, cada personaje posee una bien cuidada y rigurosa ubicuidad compositiva, una suerte de canon áureo altiplánico, donde fondo y figura suman, el uno para el otro, el fondo me agobia, pero me hechiza, me estremece, y me vuelve a la vida, la figura se empequeñece ante tal escenario y despliegue, pero al observarlo en detalle en su mínima pero potente zona dentro del todo, esta crece merced de su dramatismo, ahí por instantes toma su verdadero y único rol protagónico, para después abandonarlo, para perderse nuevamente en la abisalidad que concierne al fondo. Es en resumen un viaje de lo mísero y cercano hasta lo profundo y trascendente existente en el cosmos del artista. Su buen manejo del color y su expresión formal plena de evocación surreal, y de potente carga social a la vez, hacen de esta experiencia , una obligación visual. Llaman la atención la disparidad de tamaño en los formatos, donde estos opuestos no molestan para nada al momento de hacer una adecuada lectura, en la línea e intención comunicativa del artista. Es así que como los pequeños formatos en técnica mixta de 50 X 60 cms, que no llevan titulo, provocan en el observador, la sensación de asomarse por una ventana que está a gran altura, pese a que los objetos compositivos están lejos de poseer una posición de contrapicado, estas aparentan tener una inquietante lejanía con las zonas limítrofes de la obra, acentuada esta inquietud por el drama provocado por la oposición de loas distintas materialidades ocupadas en su confección, y hablo de confección, pues estos son pequeños ready mades, partes ensambladas previamente realizadas, pero a diferencias de otros collages, estas piezas son pequeños bocetos u obras anteriores del autor, ya sea trozos de esbozos a lápiz sobre un papel hilado, o trazos de pastel graso sobre papel kraft, orificios desgarrados acompañan parte de uno de sus limites ya sea inferior o superior, dejando en cuenta que el anterior soporte fue concebido para una realización menor, pero se constituye posteriormente en una obra mayor debido a esta intervención o ensamble. Cabe destacar la posterior intervención de algunas piezas con lápiz tinta, o pastel, dando a conocer el afán último y estético que el autor, impone a todas sus obras por sobre el concepto o la cualidad semántica de esta. De la obras de mayor envergadura en tamaño, la gran mayoría destaca por su potente sonoridad cromática, destacando de grata manera, por su sublime poética la obra "Ceremonias" cuyas dimensiones de 240 X 200 trabajadas desde su inicio con provocativas veladuras en su fondo, son abruptamente interrumpidas por elementos pictóricos trabajados al óleo con una capa mas espesa, dejando eso sí sentir, el gesto mas veloz que provoca el aceite en la superficie, una suerte de allegro non tropo, que acompaña desde atrás, la escena principal plena de dinamismo, de las figuras predominantes al centro poliédrico de la obra. La pintura se convierte en una anagogía en si misma, tomando en cuenta que la mancha es una forma de escritura.

Esta presentación en su globalidad es un reconto de paradigmas, donde lo que menos cuenta es el paradigma, o dicho de otra manera toma las estructuras convencionales y las reinventa, deconstruye y construye. Manuel toma lo mejor de lo actual, donde la sensualidad de la materialidad es escasa, y lo conjuga con lo mejor de nuestro legado cultural, es así, como penaban las animas, desde dentro de la obra en su anterior instalación, para hoy reviven las raíces casi extintas en esta su otra obra, llena de dinámica que existe entre el limite, para dar aliento a nuestro neoliberal purgatorio. Desde dentro del formato, el animismo y la esencia vernácular que escapa de este nos redime para no sucumbir, mientras la sinrazón cotidiana impuesta hoy y purgada día a día, en este aceptar y resignar, pobre herencia cultural de aquel que asomó hace cinco siglos ya.

La invitación queda entonces extendida, vale la pena el esfuerzo de desplazarse a la ciudad de Viña del Mar para apreciar la interesante muestra que Manuel nos ofrece en esta oportunidad.

 

 

 

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