Santiago de Chile.
Revista Virtual.
Año 8

Escáner Cultural. El mundo del Arte.
Número 81
Marzo 2006


PEDRO GRANADOS de Perú
SERGIO MANGANELLI de Argentina
WILLY GÓMEZ MIGLIARO de Perú
Columa a cargo de Marcela Rosen

PEDRO GRANADOS

de Perú

pedro_granados@hotmail.com


Pospoema


Hemos llegado a la conclusión

que no escribimos poesía.

Que no somos poetas.

Es más, que la poesía

para nada nos interesa.

Que las palabras no han sido,

precisamente,

lo que buscábamos.

Ni tampoco

lo que hemos ido hallando

a lo largo del camino.

Ahora podemos hacer un alto.

Y con toda sencillez,

mas sin pizca de humildad,

decirlo.

No nacimos para perseguir las palabras.

Menos, para hacer un fetiche de éstas.

Qué va.

No nos hemos rifado por eso.

Los brazos los hemos abierto

para ti.

Para nada nos interesan la poesía

ni sus expertos.

Dejamos libre el territorio, entonces.

Impunidad total para aquellos que dicen

lo que quieren decir las palabras.

Nos arrepentimos de haber

tomádote tu pan.

Con mis pulmones pienso.

Con nuestros inquietos pies

comprobamos la arbitraria hechura del mundo.

Ni una lejana campanada

reproducimos.

Ni hemos inventado modo distinto

de jugar con estas cartas.

Sólo a nuestro íntimo rechazo

nos atenemos.

A nuestra quizá tardía blasfemia.

Con mis manos oculto las palabras.

Abochornado.

Entre los pliegues de mi camisa

con premura las escondo.

Un eco no hace el poema.

Un fantasma jamás podría erigirlo.

Ahora mismo vamos arrebatados

y en vela

y sabemos a lo que nos referimos.

Pero nada de ganar honra

o dinero con las palabras.

Antes que ellas se burlen de nosotros

preferimos dejarlas en el vertedero.

Y no por escrúpulo docto:

aquello de canjear una ilusión por otra.

Ilusión es lo que necesitamos

para seguir viviendo.

Una niña pasa arreglándose

discretamente el pelo.

La poesía no es la niña

ni sus finos y hermosos cabellos.

Sino en el gesto oculto y efímero

de tan concertados dedos.

En unos segundos más habrán cesado

la visión y el sentido.

Otro rostro interroga ahora mismo

al nuestro

y entendemos que todo está ya por concluir

Un solo gesto que goce

de absoluto concierto.

 

 

WILLY GÓMEZ MIGLIARO

Lima-Perú

estemedieval@yahoo.es

 

SEGUNDA DIVISIÓN

 

(1)

La brisa en la ventana

Árboles que semejan el crecimiento
De un bosque dividido por la noche.
Árboles contra un cielo espinoso, mira, cuya fragancia de ramas
El viento dobla sobre capas de nubes.
Superficies y espacio en la línea de fuego
Por donde los árboles mueren.
Mi cabello se alborota. Detengo una caída de hojas.
En el umbral de este cuerpo el viento es un rugido
De antigua celebración.
Las ramas de los árboles
Se doblan y enmascaran los brotes de junio.
Ramificaciones del viento en mi camisa marrón
Y al dar la vuelta cruzo otra línea.
Árboles azules ante el primer asombro oh
Girando ramas también me veo
Bajo las bóvedas del seminario de Sucre.
Un temblor de enseñanza contraria al escuchar
A los insanos de la palabra de este bosque.
Se corta la luz, el crecimiento natural de los árboles muertos
sobre ribetes blancos de la hierba como si hubiese nevado.
La primera vez en Huaraz fue similar
Y no pensé recorrer sino el hielo
Cuando inicié un concepto distinto de composición
Y grité con mis labios ruidosos
Árboles crecidos.

(2)

Otra brisa en la ventana

Escenas con las furias en el castillo de Benavides
Como un sueño al recorrer las calles de los ficus, todo
Mientras me afeito agitando la distensión de mis tobillos y
Detrás de mí la cárcel o el descenso a la segunda división
De nuestro mejor equipo amarillo.
Qué diría mi padre. Estaríamos sentados
En las bancas de un parque de Lima, contemplando los sauces viejos,
Cavando la tierra, el corazón enojado en el grito
De la victoria de los estandartes de oro
De las paredes del estadio nacional.
Choque de espadas, diría. Hijo, choque de titanes, me joden
Los cóndores, me joden los pavos. Esta paz es insoportable.
Viene la música, todo, mientras me afeito, el abrazo de ella,
Caína o fístula divina a veces,
El grito en una escena del castillo de Benavides,
Ah, no tengo ninguna vida sino entre los árboles. Sentimiento
Gótico, el corazón quebrado de mi padre. Todo entre los
Árboles para recordar que no quiero la soledad. Alto retrovisor,
Atrás se pierde una multitud, los relámpagos carmesí del poeta
Y su chillido, su música, su asquerosa música llena de utopías
De vientos y nubes y dioses travestidos
Nada más. Hora de la paz. No la quiero
Ya no. Me he cortado, mi respiración nubla su palabra
Y en el agua de jabón se pierde y clava un sentimiento,
Otra batalla. Mi equipo perdió.
La música frágil, eras padre, recuerdo la máquina,
El llena todo corazón vacío que pesa. Mi equipo ha perdido,
Cruzo la línea, rompo las tablas y de nuevo entre los árboles
El descenso, la segunda división
El fondo del espejo donde veo mis huesos, mi corazón vacío.

 

 

SERGIO MANGANELLI

de Argentina

manganellisergio@yahoo.com.ar

Llevan mis ojos
la luz de la tristeza,
y un amargo dulzor
de frutas y de ausencias.

 

Hay noches
que no se parecen en nada
a la esperanza,
sino más bien
a flores del infierno,
a horas sin propósito,
en que alguien vaga
por vereditas de la memoria,
con su puerta al deseo
su musgo solidario,
su refugio,
las flechas que Cupido
devuelve envenenadas.

Hay amaneceres
que no guardan
la luz perfecta,
ni entibian el huerto
en que soñamos,
sino pasillos pálidos
que huelen a remedio,
hendijas en los muros
donde purgan los muertos
la lepra cotidiana.

Tardes subterráneas,
en que la dicha
oculta sus carnes al verdugo,
y viaja clandestina
a confines de niebla,
a tierras de extravío,
donde sentirse próspera
o al menos exiliada.
//

//

Madrugadas que imponen
la amnistía,
que inventan
en un bar su torre de Babel,
o nos prestan el lecho
de cualquier primavera,
para hacernos dormir
la pena por un rato.

Hay jueves que parecen lunes,
lunes que siempre
son de miércoles,
miércoles agotados,
martes de rebelión,
viernes con tregua.

Sábados de gloria
y domingos sin dios.

Hay agua en el vaso
de la mesa de luz,
una lámpara
alumbra la piel
que se estremece
en el pinchazo,
la puerta inquieta
o quieta,
y una infancia que vuela
en el pobre barrilete
de la desolación.
///

///

La muerte puede
confiscarme el pellejo,
decretar su silencio hospital,
amputarme la risa,
pero nunca obligarme
a abandonar el barco.
Que nadie arroje la toalla,
dejen que muerda,
que aliente a sus soldados
contra mi ciudadela,
que me hiera su toro
en la embestida,
y sienta fundar
su imperio en mi derrota.

Entonces aprenderá
que tengo noches
de gallito ciego,
amaneceres
que nacen como hijos,
tardes de Sandokán
o piedra libre,
madrugadas de verme
en otros ojos,
calendario de lluvias,
versos que se abren
como labios.

Y una verónica ingenua
con besos en las gradas,
para hacerle morder el polvo del aplazo.



 

 

Para las personas que desean publicar: deben enviar sus escritos
en formato de documento de Word, diseño de página Normal y breves datos biográficos.
Ni se les ocurra enviar libros, pueden hacerme llegar dos o tres poemas no más por favor.    Gracias.
Marcela Rosen
, encargada de la evaluación y publicación
de poesía en Escáner Cultural. aldocumentar@lycos.es


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