Santiago de Chile.  Revista Virtual.  
Año 2 
Escáner Cultural. El mundo del Arte. 
Número 23.
12 de Noviembre al
12 de Diciembre de 2000.

   


MUJERES ETERNAS
ENHEDUANNA-HASHEPSUT
NEFERTITI-CLEOPATRA


Desde Costa Rica, Rodrigo Quesada Monge

"Una vez que nos hayamos despojado de la percepción
de las mujeres como víctimas históricas de la
explotación de los hombres, de las instituciones
sociales, o de fuerzas inexplicables, podremos
resolver el rompecabezas de la participación de
ellas mismas en el sistema que las oprime".

GERDA LERNER1.

PRESENTACIÓN DEL TEMA

Enheduanna.

Con mucha frecuencia nos encontramos en nuestra práctica profesional, con que algunos grandes personajes de la antigüedad son tratados con una displicencia realmente escalofriante. Sin querer prestar mucha atención a las posibles implicaciones sexistas de un tema como el que hoy nos inspira, es recurrente la forma en que la presencia de las mujeres en la historia de la antigüedad es abordada: con indiferencia, pero sobre todo con mucho temor. Incluso por algunas de ellas mismas, que han probado ser realmente talentosas como historiadoras 2.

Hoy el asunto de este ensayo es muy claro: vamos a estudiar y a detallar, hasta dónde nos es posible, el papel jugado por cuatro maravillosas mujeres del Próximo Oriente Asiático y Egipto. ¿Qué importancia puede tener, se preguntará alguien por ahí, conversar y escribir sobre personas que vivieron unos 3,000 años antes de Cristo? Estamos casi totalmente seguros, que la mayor parte de nuestros lectores, y especialmente las mujeres, ignoran mucho, sino todo, respecto a Enheduanna y a Hashepsut. Tal vez no pueda decirse lo mismo con relación a Nefertiti y Cleopatra, pero la imagen que tenemos de la última, por lo general, ha sido distorsionada, desde el presente por la industria del cine, y desde siempre por los historiadores masculinos. ¿Quién no se sentiría impactado por la idílica y a veces dulzona deformación de Cleopatra hecha por Elizabeth Taylor, Rex Harrison y Richard Burton, en la película del mismo nombre filmada en 1963, en Hollwyood? 3. La atracción está perfectamente justificada para el hombre y la mujer de la calle, desde el momento en que dicho largometraje no tenía aspiraciones rigurosamente históricas, pero sí románticas y comerciales. Aún así, es esta imagen la que ha prevalecido finalmente. La de una reina Cleopatra intrigante, insulsa, frívola y con una evidente propensión fálica, para la cual los pequeños detalles de la vida de alcoba eran más importantes que ser la heredera real de una cultura y de una civilización, con milenios de historia sobre su espalda.

Pero Hollywood podía darse el lujo de poner el énfasis en las atroces debilidades edípicas de Marco Antonio, o en la tenebrosa megalomanía de Julio César, vehiculizadas con brutalidad por las virtudes eróticas de Cleopatra, según la película.

El problema es que esa no era ni la mujer ni la gran reina. Los historiadores serios pensarían otra cosa de todo este montaje publicitario que hizo de Cleopatra-Taylor, algo más parecido a la mujer que llevaban guardada y abrasadoramente reprimida las madres, esposas e hijas de los hombres de negocios promedio de la época de oro de la economía norteamericana.

En la soledad de sus silencios, mientras fregaban los platos y hacían el amor con un oso de peluche al que llamaban marido, las mujeres norteamericanas soñaban con parecerse cada vez más a la imagen proyectada por ese adefesio llamado Cleopatra-Taylor.

Enheduanna y Hashepsut no corrieron la misma suerte porque los descubrimientos arqueológicos aún no revelaban la totalidad del perfil histórico de estas otras dos extraordinarias mujeres 4. Pero si Hollywood hubiera manejado esa información, de seguro que la misma explotación hubieran sufrido.

Entonces, como una forma de ayudarnos a nosotros mismos como historiadores, con este ensayo aspiramos a recuperar algo de la verdadera historia de cuatro damas de alcurnia sin las cuales, posiblemente, nuestra civilización actual no sería la misma. Veamos por qué.

ENHEDUANNA (2.280-2.200 AC): SUPREMA SACERDOTISA DE LA LUNA.

El disco de alabastro.

En el bello libro de Robert Graves titulado LA DIOSA BLANCA 5, cuya primera edición inglesa de 1948, nos dejó maravillados por la impresionante labor de escrutinio histórico sobre el mito poético de la luna en la cultura occidental, no se hace ningún señalamiento del personaje que nos atañe ahora. ¿Un descuido de Graves? ¡Jamás! Sólo que Enheduanna es un personaje femenino que realmente empieza a figurar en la literatura académica hasta los años sesenta. Pero sin duda, Graves hubiera hecho consideraciones valiosas sobre ella, dado que el método de gramática histórica aplicado por él, le brindó resultados notables con otras literaturas y otros escenarios 6.

De esta manera, en cierta forma, los trazos elaborados por Graves para este tipo de estudios nos sirvieron enormemente. Porque resulta muy difícil entender a Enheduanna sin relacionarla con el desarrollo de la lengua acadia y de la mitología que le es correspondiente 7.

Es un hecho que, en la antigua Mesopotamia existía un complejo entramado entre los templos, la religión, la política y el arte de la guerra, que no podemos desmontar y analizar aquí, pero que, con algunas referencias del caso, al menos nos permitirá entender un poco más por qué a las mujeres se les hacía tan problemático incluso tener nombre propio 8. Estas indicaciones son necesarias, porque la salida más obvia sería sostener que los regímenes mesopotámicos de la época, por su mítica dependencia de los ríos, degeneraron en estados despóticos de base hidrográfica y profunda civilización teocrática, por lo que las mujeres entonces no figuran, pues la guerra, la religión y el arte son cuestiones de hombres 9.

Nos tememos que eso no sea suficiente para explicar por qué incluso para la hija de un rey, resultó tan conflictivo atreverse a "firmar" los documentos que tuvo en sus manos 10.

Enheduanna es la primera mujer en la historia de la cultura que les dio nombre propio a sus escritos 11. Antes de ella, los escribas realizaban un trabajo anónimo, porque el mismo no les pertenecía, era de sus patronos. No olvidemos que la mayoría de tales escribas eran esclavos 12. Y casi podría sostenerse que con Enheduanna se inicia la historia de la literatura mundial.

Empezamos a saber algo concreto sobre ella hasta 1926, cuando Sir Leonard Woolley descubrió un disco de alabastro en cuya parte posterior venían algunas inscripciones donde se hablaba de la Suprema Sacerdotisa de la Diosa Luna. Junto a ello también, tenemos datos fragmentarios sobre tres himnos dedicados a dicha diosa, y 45 más para atender los rituales en los templos13.

El disco que mencionamos se encuentra en el Museo de la Universidad de Filadelfia; pero las investigaciones fueron retomadas hasta los años sesenta y ochenta, cuando el proceso de desciframiento de las escrituras de algunos de estos textos estuvo más o menos avanzado 14.

El problema es que dicho disco se encontró en pedazos y hubo que realizar una labor de reconstrucción importante, porque los mismos antiguos parecen haberlo destruido intencionalmente, más que nada cuando los sacerdotes encontraron muy duro de aceptar el nombramiento de la hija del rey como Suprema Sacerdotisa, pues ello significaba pasar por encima de su autoridad y su conocimiento 15. Felizmente, una copia del mismo disco fue hecha 1900 años antes de Cristo en Babilonia, con la cual fue más fácil la labor de reconstrucción testimonial 16.

La historia nos cuenta que Enheduanna era la hija del rey acadio Sargón (2371-2316 AC), fundador del primer reino histórico de que se tenga memoria, cuando tras invadir Sumeria y obligar a su rey Lugalsagisi a casarse con su hija 17, logra fundar el imperio acadio de los sargónidas, que se prolongaría por unos 150 años. Este acontecimiento es decisivo en la historia de la civilización, porque este es el momento cuando la primera lengua culta de que se tenga conocimiento, el acadio, empieza a expandirse por el resto de Mesopotamia, y llega a constituirse en la base, en el punto de partida, de todas las lenguas posteriores 18. No olvidemos sin embargo, que el acadio se basa en el sumerio, una lengua de la que prácticamente ignoramos todo.

Sargón sabía que, la mejor estrategia para controlar a los pueblos de ese momento, era el establecimiento de una nueva disciplina religiosa desde los templos, y con ello facilitaría su acceso a los graneros, los arsenales y las decisiones políticas importantes. Nunca tendría mejor aliada que su hija, quien en realidad, empezó a escribir apenas 350 años después de que la escritura estuviera plenamente constituida.

Con tan poca tradición detrás de ella, el logro es realmente impresionante 19, cuando en ciudades como Ur, Uruk, Eridú y Lagash, el poder real lo tenían en sus manos los sacerdotes. Precisamente, aprovechando los desacuerdos religiosos que se suscitaban en Sumer, que de hecho giraban en torno al control sobre los graneros, Sargón se hizo con el poder en esa región del sur de Mesopatamia. Un poder que se sostendría sobre los fundamentos de la tremenda presión ejercida por los sacerdotes, quienes nunca aceptaron a Enheduanna como Suprema Sacerdotisa de Inanna y An, dioses acadios por antonomasia, que no podían ser ritualizados por una mujer que no fuera virgen 20.

De aquí que, una vez que el imperio acadio se desplomó, los mismos sacerdotes hicieron lo posible por borrar todo testimonio de la existencia de Enheduanna. Esta sería una práctica ampliamente extendida en el Próximo Oriente Asiático y en el Egipto antiguos, como veremos más adelante con los casos de Hashepsut, Nefertiti y Cleopatra.

El templo funerario de Hashepsut.

Es evidente que Sargón usó a su hija con propósitos políticos. La unión religiosa de Sumer y Akad le granjeó buenos resultados a Sargón, quien en su momento llegó a tener un ejército de unos 5,400 hombres y sería sucedido por cinco emperadores más. Con todos los mecanismos del poder en sus manos, logró también centralizar el comercio exterior del imperio, y obligó a todos los navegantes que pasaran por las costas de Mesopotamia, a visitar sus puertos. Pero la dinastía de los sargónidas hizo todavía más, logró crear una tradición en Mesopotamia mediante la cual los hijos o hijas y demás parientes de los reyes, irían a ocupar también puestos políticos y religiosos vertebrales en la administración imperial21.

Pero Enheduanna, la primera mujer con nombre propio en la historia de la civilización, siempre supo que los himnos, poemas y oraciones que componía adquirían en manos de su padre un propósito político muy concreto. Con eso claro, la mujer logró entretejer algunos datos de su historia personal con los cantos y loas a los dioses que servía 22. De esta manera, hemos llegado a saber que se hacía acompañar de un mayordomo (Adda), que la asistía en todas sus actividades religiosas y de palacio 23.

De cualquier manera, Enheduanna recibió de su padre la oportunidad para que con sus cánticos religiosos se entremezclara también su propio malestar, al no recibir la corona de Ur, y por la desaprobación de los sacerdotes. Mediante su identificación con Inanna, la sacerdotisa pudo hacer notar a la posteridad sus sufrimientos ante la pérdida de su belleza y su evidente envejecimiento.

Enheduanna enriqueció los ritos y con sus himnos promovió la aparición de una liturgia más compleja, que sería luego muy bien aprovechada por los egipcios (Isis) y por los griegos (Afrodita) 24. Ese paso de una teogonía plana y previsible, a otra personal e íntima puede ser considerado el aporte más notable y maduro de Enheduanna a la civilización y a la historia de la cultura.

Si algunos autores consideran que a Enheduanna debemos recordarla por ser la hija talentosa y audaz del emperador acadio Sargón I, los méritos personales de la mujer son únicamente suyos y no deben atribuirsele a nadie más, ni aún a su padre. Con ella se inicia, no lo olvidemos, la larga ruta que conduciría a las mujeres a ser reconocidas por sí mismas, y no por la sombra de los hombres que las acompañan.

El ejemplo de Enheduanna sería continuado por otras tres mujeres realmente asombrosas, que lograron levantar la cabeza por encima de civilizaciones construidas por hombres, para quienes las mujeres generalmente eran sólo parte del ganado. Recordemos que, a pesar de ser hija de rey, Enheduanna tuvo serias dificultades para ser aceptada. Y lo hizo de manera sutil y velada las más de las veces, porque de lo contrario los sacerdotes la hubieran borrado de la historia antes de lo que tenían planeado. De esta manera, no es un argumento válido el que sostiene que, por ser reinas o sacerdotisas les era más fácil ser reconocidas. De haber sido así, la historia de Egipto por ejemplo, estaría plagada de reinas y princesas que tuvieran en sus manos el poder económico, político y militar de su país. Y son muy pocas las que podemos mencionar como destacadas en estos terrenos.

HASHEPSUT (1479-1457 AC): LA MUJER QUE FUE REY.

Hashepsut.

Si hay en la historia uno de esos seres humanos privilegiados por los dioses con todos sus favores, ese es el caso de esta reina egipcia de la 18ª. Dinastía. A una extraordinaria belleza, se unían también una gran inteligencia y un carácter fortalecido con los dones de la templanza, el acierto y la devoción por sus ideas y proyectos 25.

Hatshepsut es el antecedente más noble que pueda mencionarse de otras reinas como Catalina II de Rusia, Cristina I de Suecia o Isabel I de Inglaterra, todas ellas reinas con todas las bondades y miserias de que puede ser capaz una mujer, o cualquier otro ser humano. El contraste aquí lo establece el hecho de que llegar a ser faraón en el Egipto antiguo para una mujer, podía significar un tremendo cúmulo de problemas, intrigas y venganzas, producto de un sexismo inveterado que solamente puede explicarse con la teoría de la evolución, y sus posibles insuficiencias.

Hashepsut fue la hija preferida de los tres que tuvo el bondadoso y atemperado rey Tutmosis I (1504-1492 AC), con la dulce Ahmos (1539-1514 AC), de quien sabemos muy poco, a no ser por ciertos detalles que se escribieron en la tumba de Hashepsut, donde se dice únicamente que fue su madre, y una de las consortes del dios Amón 26.

En estos casos, el estudioso contemporáneo se encuentra con un enigma: ¿por qué en el Egipto antiguo era relativamente más fácil (al menos para las mujeres de palacio) ser consideradas por los hombres como sus iguales? 27. Porque, a pesar de la serie de enfrentamientos y malestares que tuvo que tolerar, sobre todo aquellos que le oponía su medio hermano Tutmosis III (1479-1425 AC), Hashepsut fue capaz de reinar durante veinte años.

¿Cómo lo hizo? Ahí está precisamente el corazón de esta parte del ensayo. Porque estamos hablando de una mujer que logra gobernar con éxito a la civilización más poderosa e influyente de la antigüedad 28.

Después de que murieron dos de sus hijos, el rey Tutmosis I decidió que su hija sería quien lo sucedería, porque, se dice, ella se consideraba a sí misma la hija predilecta del dios Amón. El medio hermano y esposo de ella, Tutmosis II, no alcanzó a gobernar más de cuatro años, pues murió de una rara enfermedad de la piel; cáncer con toda seguridad 29.

Otro de los hijos de Tutmosis I, Tutmosis III, quien gobernaría entre 1479 y 1425 AC, no pudo sucederlo cuando su padre murió, porque carecía de la edad indicada para ello, y Hashepsut lo hizo en calidad de reina regente, al menos por un tiempo. Pero ella no era del tipo de soberana que se sienta a esperar hasta que el heredero de la corona madure para ocupar el puesto30.

Mientras ese momento llegaba, Hashepsut se dedicó tiempo completo a construirse un monumental templo funerario en Deir-El-Bahari, obeliscos y otros edificios públicos que la inmortalizarían. Senmut, su arquitecto y amante, (un hombre excepcional, capaz de desenvolverse sin problemas en unos ochenta oficios diferentes) se encargaría personalmente de toda esta labor. Pero la reina estuvo también muy activa agilizando las

relaciones comerciales de Egipto con otras naciones del Próximo Oriente, que abastecían a su país de marfil, maderas preciosas, especies y otros materiales de construcción 31.

Durante todo el tiempo en que Hashepsut estuvo al frente de Egipto, Tutmosis III se propuso obstaculizarla. Algunos autores creen incluso que pudo haberla matado, lo mismo que a su amante y a la hija de ambos, Nofrure. Llegan a esta conclusión porque, una vez que todos ellos desaparecieron, Tutmosis III estuvo muy ocupado borrando sus nombres de todos los templos y registros donde fue posible. Incluso sus tumbas fueron saqueadas poco después de enterrados y sus momias desaparecieron definitivamente.

La tarea se hizo más fácil porque, Hashepsut por ejemplo, acostumbraba vestirse como hombre y usaba barba postiza en las celebraciones públicas. Sustituir su figura esculpida en todos los templos de Egipto con los nombres de Tutmosis I, II o III fue relativamente sencillo y muy efectivo, porque esto mantuvo el nombre de la reina oculto hasta el siglo XX 32.

Hashepsut utilizó con mucha habilidad las creencias de su pueblo, y la leyenda de su nacimiento fue de una gran utilidad para consolidar su poderío. Se dice que su madre Ahmos fue embarazada por Tutmosis I con la inspiración del dios Amón-Ra, y también que su cuerpo fue forjado por las manos de los dioses, a partir del barro. Se dice que la niña les fue llevada por mensajeros divinos. Una vez que esta leyenda tomó forma, resultó más cómodo hacer que el pueblo egipcio aceptara a su reina con barbas e indumentaria masculinas. La historia de amor entre ella y su arquitecto ha sido también motivo de especulaciones históricas, poesía y todo tipo de literatura 33. Sobre todo después que todos los esclavos que participaron en la construcción de su tumba fueran aniquilados, para conservar el secreto de la misma y la pureza de la leyenda.

Es un hecho que Hashepsut logró construir más templos, obeliscos y obras públicas en general que todas las reinas egipcias juntas, posteriores a ella. Pero su labor no sólo nos refleja la grandeza a que podía aspirarse como Faraón, hombre o mujer, sino también los riesgos que la empresa suponía. Más que nada sostenerse con vida en el poder. Ella lo logró durante veinte años.

Cuando Tutmosis III la sucedió en el trono, se inició un nuevo capítulo en la historia de Egipto, lleno de gloria militar y de grandes avances culturales. No en vano a este Faraón se le conoce como el Napoleón del Egipto Antiguo. Pero pudo hacerlo en gran parte, debido a los cambios ideológicos y religiosos que Hashepsut alcanzó a introducir durante su paso por el gobierno de Egipto 34 .

Indiscutiblemente, un ejemplo así iba a ser imitado, pero tendríamos que esperarnos un largo período para que la historia de Egipto nos diera otra reina con las mismas y otras cualidades similares a las de Hashepsut. Nos referimos a Nefertiti.

NEFERTITI (1341-1337 AC):
LA MÁS BELLA ENTRE LAS BELLAS HIJAS DE ATÓN.

Nefertiti.

Considerada hasta la actualidad, como la mujer más bella de la historia, Nefertiti, la esposa real de Amenofis IV (1352-1336 AC), también conocido como Akhenaton, participó muy de cerca con su esposo en la revolución religiosa que iniciaría en Egipto, hacia el final de la 18ª dinastía y que, según se dice, dio lugar a las primeras expresiones del monoteísmo en la historia de las religiones 35.

A la edad de veinte años, Amenofis IV decidió romper sus lazos religiosos con la tradición heredada por el Imperio Medio, y decidió cambiar la capital de Egipto de Tebas a Tell-el-Amarna. El territorio fue bautizado como Akhet-Atón, que significaba "el nuevo horizonte de Atón". La creencia inicial en un dios único, motivó el surgimiento de lo que los expertos llaman, "la nueva teología solar", con la cual las prácticas religiosas en Egipto se vieron modificadas a profundidad 36.

Una religión más íntima, en la que todos y cada uno de los miembros de la familia real participaban activamente, llevó a límites inconcebibles la productiva creatividad de la reina Nefertiti, quien se cambió de nombre en los primeros momentos de su reinado, como parte del proceso de conversión. Así, decidió llamarse Neferneferuaten-Nefertiti (Nofret, para hacerlo más pronunciable), que significaba "la más bella entre las bellas hijas de Atón". Lo mismo hizo el rey, quien decidió que de ahora en adelante sus súbditos deberían llamarlo Akhenaton.

Nada de esto sorprende en la vida cotidiana del antiguo Egipto, si tenemos claro que uno de los aspectos centrales de las costumbres religiosas en esa sociedad, era la plena participación de la familia en los rituales respectivos. Durante este renacimiento religioso, también conocido como el período de el Amarna, la pareja real gustaba de ser pintada, esculpida y narrada junta a sus tres hijas, y todos ellos fueron siempre descritos de una manera idealizada, más cercanos a Dios que a los hombres.

Para enfrentar la oposición de los sacerdotes de Amón-Ra, la incuestionable y eficaz representación del politeísmo egipcio en el Imperio Medio (dinastías 11 y 12), Akhenaton, contó con la brillante ayuda de Nofret, su esposa. Infelizmente no podemos exponer con lujo de detalles en qué consistió la revolución religiosa en que ambos monarcas se vieron involucrados, y con ellos el resto de la sociedad egipcia. Pero sí podemos apuntar que estaban modificando a fondo, cerca de 1500 años de prácticas religiosas politeístas y el proceso iba a contar con una fiera oposición. Las historias de la 18ª. Dinastía y de Egipto serían totalmente otras si no fuera por los cambios que estos reyes ensayaron, pues la situación sería revertida, como se verá más adelante. Además, con su intento, prepararon el terreno para la aparición posterior del monoteísmo, tan caro a Occidente 37.

La importancia de mencionar este tipo de transformaciones culturales radica en que los participantes o sujetos esenciales en ellas, no siempre son lo que creíamos que eran. Nefertiti se sirvió con gran sabiduría, como había hecho Hashepsut en su momento, de los elementos ideológicos más y mejor articulados de la sociedad egipcia. Y uno de ellos era precisamente la familia38.

La familia real del faraón Akhenaton.

Ahora bien, el interés egipcio por fortalecer la familia, reposaba sobre fundamentos eminentemente prácticos: una prole bien nutrida, saludable y fuerte. Por eso es que se cuidaba y se atendía tan bien a las mujeres, aunque con frecuencia para ellas, era agotador compartir el poder con sus hombres. Esto, como puede notarse, no tiene nada que ver con la moralidad victoriana, para la cual, una familia grande consolidaba los valores de la burguesía más imperialista del siglo XIX. Ciertos historiadores ingleses de la época entonces, aprovecharon la posible comparación para hacer una propaganda de los principios de la civilización occidental, que establecía una relación muy endeble con la verdadera herencia del antiguo Egipto.

Para los egipcios los niños tenían poderes mágicos, y eran muchas las bendiciones que se podían recibir en proporción, si se traían muchos al mundo. Con ese propósito, había que casarse temprano, porque la infertilidad para las mujeres era una desgracia total. Era frecuente oír de matrimonios entre niñas de 8 y 12 años con hombres de más cuarenta e incluso cincuenta años 39.

Nefertiti fortaleció con generosa agresividad el culto de Atón y acompañó a su marido en la despiadada persecución de los adoradores de Amón-Ra. No olvidemos que para los antiguos egipcios el culto a los muertos era parte de una cotidianidad difícil de modificar de la noche a la mañana. Y a pesar de los entusiastas esfuerzos por imponer el culto de Atón, los reyes no pudieron eliminar las cultos locales, que se fueron vigorizando conforme pasaba el tiempo y los monarcas daban cada vez más pruebas de intolerancia. Este enfrentamiento con el viejo clero de Tebas terminaría por debilitar a la monarquía, que se encontraría en un momento incapaz de contrarrestar las invasiones de los Hititas 40.

Nefertiti y Akhenaton decidieron finalmente separarse y terminaron por casar a sus hijas con mucho oportunismo. Una de ellas sería la esposa del futuro Tutankhamón, célebre por su tumba y por haber restituido los derechos del clero de Tebas 41. Akhenaton, "el rey hereje" como se le conoce comúnmente, al final, no figuraría en el catálogo de los faraones.

Era frecuente que la madre de Akhenaton, Tii, lo llamara a la cordura y a la prudencia, en su supuesta transformación revolucionaria de las creencias y costumbres religiosas de los egipcios. Y también con regularidad, la sabia mujer, principal responsable de las debilidades de carácter del rey, a quien crearía mimado y caprichoso en virtud de su endeble condición de salud, tendría que contradecir las constantes interferencias de Nefertiti en la buena marcha de la monarquía egipcia.

Nefertiti y su esposo creían en el halago de los cortesanos y los mantenían bien atendidos y totalmente involucrados en los ritos de palacio. Cuando los monarcas decidieron pasar de una estatuaria rígida y poco expresiva, a una más vital y natural, el arte en el-Amarna cambió completamente. Así como la percepción que la gente común empezó a desarrollar de sus reyes, pues este fue el momento en que dejaron de ser pintados como dioses para empezar a serlo como simples mortales42.

Son reiterativas las escenas familiares en que la pareja real sale de paseo con sus hijas, para que todo el mundo los vea. En todo ello, la principal guía y motivación fue Nefertiti. Indiscutiblemente sin ella, el arte propagandístico, así como la religiosidad de Egipto jamás hubieran cambiado. Entonces, qué duda queda, si las mujeres egipcias tenían esa sensibilidad tan desarrollada, difícilmente podemos imaginarnos a Cleopatra, por ejemplo, asumiendo el papel promiscuo y frívolo que Hollywood ha querido vendernos de ella. Este es entonces un buen momento para decir algo al respecto.

CLEOPATRA (69-30 AC.): LA ÚLTIMA EMPERATRIZ EGIPCIA.

LA REINA CLEOPATRA.

Son varias las películas que se han rodado hasta ahora con la figura de Cleopatra como protagonista central: algunas de ellas son las siguientes, una de 1917, con Theda Bara realizada por la Fox; otra con Claudette Colbert, dirigida por Cecil B. DeMille en 1934 para la Paramount; otra más con Vivien Leigh de 1945 para la Rank Co. ; una de 1954 con Sofía Loren, y finalmente una más de 1963 con Elizabeth Taylor, que se ha convertido en la película clásica del género 43. Esto sin mencionar la serie de ellas realizada por los italianos entre 1910 y 1913, durante sus guerras contra los turcos, y la encargada por Mussolini para fines de propaganda fascista 44. De hecho se dispone de 38 películas sobre Cleopatra, de diferentes procedencias nacionales.

Junto a las 960 películas filmadas entre 1896 y 1983 con temas relacionados, podemos mencionar también, para los años que van de 1540 a 1905, y con particular referencia al caso de Cleopatra, 127 piezas de teatro, 77 dramas, 45 óperas, y 5 ballets 45. Con esta evidencia tan abrumadora no nos queda más que preguntarnos, ¿qué ha hecho que la historia de Cleopatra tenga ese indescifrable embrujo? Aparentemente, por un lado, el meollo de esta cuestión radica en la sensibilidad que genera la relación entre Cleopatra y Marco Antonio. Por otro, la paradójica dependencia de este último con los inicios del Imperio Romano, y sobre todo con Octavio, luego llamado Augusto, primer emperador de Roma, tiene aristas psicológicas y emocionales que los directores norteamericanos de cine, han ordeñado con asertiva eficacia. Pero tratemos de explicar la procedencia de la hostigosa sensiblería que se ha generado sobre un tema en apariencia banal.

Elizabeth Taylor en su papel de Cleopatra, la película de 1963..

En realidad Cleopatra no era egipcia, era griega, aunque su familia tenía relaciones con los egipcios desde hacía 300 años, cuando a raíz de la muerte de Alejandro Magno (356-323 AC.), sus generales se dividieron el imperio y a los Ptolomeos les correspondió en suerte la parte oriental. Cleopatra era la segunda hija de Ptolomeo XII, quien al morir en el 51 AC. dejó a la niña, con su hermano y esposo Ptolomeo XIII, al frente del rico y abundante reino de Egipto46.

Los conflictos entre los hermanos y esposos no se hicieron esperar, y la guerra civil estuvo a la orden del día. Cuando Julio César llegó a Egipto, las artes diplomáticas de la reina Cleopatra se pusieron en evidencia, y así logró que el romano peleara por ella para ser restituida en el poder, junto a su otro hermano Ptolomeo XIV47.

Luego de la victoria, César dejó Egipto y en el 47 AC. Cleopatra daba a luz un hijo suyo, Cesarión. Puede comprometernos sostener que César se interesaba en la reina egipcia más de lo que las riquezas de Egipto pudieran haber ofrecido al expansionismo de los romanos. Pero era un hecho indubitable que el padre de Cleopatra tenía enormes deudas con estos últimos, a quienes debía agradecer que su país no hubiera sido invadido antes de lo previsto. Pero una vez que César fuera asesinado entre el 44 AC. y el 45 AC., la reina egipcia tuvo que regresar a su país, por miedo a que la mataran también. Durante dos años, fue la amante de César, quien la tuvo en Roma en una de sus villas, en contra de las morisquetas que esta relación producía entre sus enemigos.

Tres eran los posibles sucesores del dictador Julio César, Octavio (63 AC.-14 DC.), su sobrino, Marco Antonio (83-30 AC.), uno de sus mejores y más leales amigos, y Lépido(¿-13AC.). Pero el primero era todavía muy joven (19 años), y el segundo, el más experto, logró que su parte en la división de la herencia de Julio César fuera la mayor y la más atractiva, lo que incluía al país más rico del Cercano Oriente, Egipto, el granero del Mediterráneo y poseedor de una flota de considerables proporciones.

La Biblioteca de Alejandría.

Pero, para obtener todo eso, había que negociar con la reina Cleopatra, la única de su familia que aprendió el egipcio y hablaba a sus súbditos en varias lenguas extranjeras 48. Una mujer con un enorme conocimiento de las facultades del Nilo, y que manejaba al dedillo las necesidades de su pueblo. Al mismo tiempo, la principal responsable de conservar y proteger la maravillosa biblioteca de Alejandría (con cerca de 400,000 rollos de papiro), que terminaría consumida por las llamas 49.

No sabemos si la pasión tiene un lugar destacado en la historia de la humanidad, no obstante la idea que tenían Marco Antonio y Cleopatra era continuar los pasos de Alejandro Magno, y para ello él empezó por deshacerse de la hermana de ella con el afán de remover todos los obstáculos posibles. Cuando en el 42 AC. en la batalla de Filipos, el general Marco Antonio logró aniquilar a los asesinos de Julio César, inmediatamente pensó en la conquista de Persia. Con ese objetivo le pidió a Cleopatra que lo esperara en la ciudad de Tarso, donde al final encontraría en ella a su aliado ideal. Dos años después vendrían al mundo los gemelos Cleopatra Selene y Alexander Helios. Ese mismo año Marco Antonio regresó a la capital del imperio, para buscar un acuerdo con Octavio sobre las condiciones del imperio, y sobre su situación política en Roma. Con ese afán, entre otras cosas, terminó casándose con la hermana del emperador,Octavia, quien vendría a ser la segunda esposa de Antonio. Tres años más tarde, buscó su regreso a Egipto, dejando a Octavia y a sus dos hijos, para iniciar la campaña contra Persia con el dinero de Cleopatra y de paso convertirla en su tercera esposa 50.

Esta actitud de Antonio no sólo enfureció a la reina egipcia, quien tenía mucho tiempo de no ver al general romano, sino también a Octavio que se sintió humillado ante el abandono de su hermana por una mujer que los romanos consideraban una ramera incestuosa e incivilizada. Inmediatamente Marco Antonio y Cleopatra se pusieron a dividir entre sus hijos las partes del imperio que Julio César les había heredado, incluyendo un tercer hijo llamado Ptolomeo y a Cesarión hijo de César. El senado romano reaccionó con presteza, más aún debido a la ilegalidad del matrimonio de Antonio con Cleopatra y les declaró la guerra a ambos, la que perdieron en la batalla de Accio en el 31 AC. La reina egipcia y el general romano finalmente se suicidarían en el año 30 AC.

Ahora bien, Cleopatra fue aceptada con dificultades por los romanos. Ellos la consideraban inculta, promiscua e incestuosa. Con gran facilidad ignoraron su educación griega y helenística. Pero fue precisamente Octavio quien iniciaría el mito de la historia de Cleopatra, porque al tratar de eliminarla fortaleció todos los aspectos negativos de la mujer y por ende sus virtudes. Los componentes ideológicos que se encuentran en la base de este mito, tienen que ver, no sólo con la molestia inmensa que les producía a los romanos la enorme idea de una mujer gobernando Egipto, parte de su imperio después de todo, sino también por las costumbres religiosas y tradiciones de los egipcios como pueblo. En realidad, el gobierno de Cleopatra se sustentaba sobre una fusión entre el estilo griego de la ciudad-estado y la monarquía teocrática que había caracterizado a su cultura desde hacía dos mil años. Marco Antonio quiso participar de este estilo de vida promoviendo la creación de una sociedad de prácticas religiosas llamada LA VIDA INIMITABLE, con la cual, junto a Cleopatra, fortalecería los ritos dionisíacos en busca de la divinización de ellos dos como soberanos de Egipto. Por eso con frecuencia los romanos llamaban despectivamente el egipcio a Marco Antonio.

Quienes se encargarían entonces de hacer circular este tipo de información y de criterios para combatir al "egipcio y a la ramera incestuosa" serían los poetas romanos, tales como Virgilio (70-19 AC.), Horacio (75-8 AC.), y Propercio (47-15 AC.). Marco Antonio aparece descrito como un debilucho, un hombre sumiso y dependiente de su mujer, Cleopatra, quien emerge dominante, antojadiza y tiránica, dispuesta a todo con tal de humillar al soldado romano. Para estos poetas, el sitio correcto de la mujer está en la casa, donde pueda ser la siempre gentil servidora de las necesidades de su hombre.

Para Virgilio incluso la batalla de Accio tenía importancia cósmica, porque de lo que se trataba era de defender los principios de la cultura romana, contra el bárbaro que practicaba el incesto como forma de reproducir su visión de mundo, entre otras cosas, basada en la práctica del matrimonio filial de naturaleza mística, similar al que enseñaban los griegos cuando hablaban de sus dioses Zeus y Hera por ejemplo.

Durante la Edad Media, en los siglos XIV y XV para citar un ejemplo, escritoras de la época ni siquiera mencionan a Cleopatra. Bocaccio (1313-1375) le dedica algunas líneas, y son los árabes, para quienes el concepto de lo greco-latino no tiene sentido, quienes tratan a Cleopatra con la debida condescendencia debido a su significativa importancia oriental.

De ahí en adelante, el mito de Cleopatra adquiere además otras tonalidades, pues es hasta 1519 que se traduce LA VIDA DE ANTONIO de Plutarco (46-119 DC.). Con esos antecedentes, el Renacimiento, en virtud de su preocupación por lo clásico antiguo, reconsiderará algunos aspectos del mito de Cleopatra. Será Shakespeare (1564-1616), con obras como ANTONIO Y CLEOPATRA (1607), quien traerá de nuevo al tapete el asunto, y aunque tratará con distancia la desnaturalización que se hiciera de la pareja desde tiempos de Augusto y Virgilio, el poeta inglés casi no hizo mención de Oriente en su obra.

Así, la historia de Marco Antonio y Cleopatra se habrá vuelto un tema que implica una enorme cantidad de incidencias culturales, políticas y religiosas. Habrá puesto en el centro de nuestra atención, la validez de las civilizaciones orientales, contra los esfuerzos de los occidentales por eliminarlas.

Durante el siglo XVIII el asunto casi no se mencionó, y serían algunos pintores quienes lo tocarían con mucha tibieza para decir lo menos. La fundación de la Escuela de Lenguas Orientales en París en 1795, un ejemplo magnífico del cosmopolitismo de la revolución y de los ideales de la Enciclopedia, abrieron nuevos rumbos al tratamiento del mito de Cleopatra. La expedición napoleónica en 1798-1799 y el desciframiento de los jeroglíficos egipcios por Champollion (1790-1832) en 1820, harían que el siglo XIX viera con más arraigo el tema que comentamos. Con la expansión imperialista europea de la segunda parte del siglo XIX, Cleopatra surge pujante y vertiginosa, pues azuza el conflicto entre Oriente y Occidente más que nunca.

El siglo XX, en fin, se abre con una obra de George Bernard Shaw (1856-1950) titulada CÉSAR Y CLEOPATRA (1901), donde la reina es dibujada como un personaje sumiso y obediente (Oriente). Y César aparece como un hombre fuerte y patrocinador de las más nobles causas de la civilización (Occidente). El mensaje imperialista está más que claro, a pesar de los desplantes seudo-socialistas de Shaw.

Es evidente que el mito de Cleopatra la convirtió en una alegoría de la indefensión supuesta de la mujer, y de la incapacidad de los débiles para gobernarse a sí mismos. La mujer, a la que se quiso convertir en el ejemplo supino de lo banal y lo amargo, terminó en la máxima representación de lo fácil que resulta manipular y distorsionar con propósitos espurios las virtudes de una persona o de toda una cultura. En América los españoles harían un excelente trabajo de esa factura.

CONCLUSIONES

Senmut, arquitecto y amante de Hashepsut.

La labor de las cuatro mujeres que aquí hemos estudiado, posiblemente para algunos es en parte desconocida; pero esperamos con este capítulo haber despertado su interés para que continúen conociéndolas. Fueron mujeres maravillosas como se habrá podido ver. El problema está en averiguar con qué vísceras hacemos nuestra lectura de sus historias personales: el cerebro, el corazón o el hígado.

Despiertan tantas pasiones, y éstas conducen a tal grado de distorsión de las personas de que estamos hablando que, cuando nos acercamos a ellos, es tal la masa de prejuicios, sevicia y mala intención que hay que remover que apenas nos queda algo por rescatar.

La figura de Enheduanna se agranda con el paso del tiempo, porque los pocos y modestos rastros que nos dejó de sus sentimientos, fueron suficientes para tener una idea de las serias limitaciones sociales y culturales a que estaba expuesta. Los himnos, los poemas, las oraciones y las canciones que nos legó (aunque fragmentarios) nos han permitido detectar la timidez, pero también la osadía con que algunas mujeres se enfrentaban al mundo de los hombres.

Ese solo hecho, atreverse a escribir, pudo atravesar la niebla de miles de años de silencio y opresión al que han estado sometidas las mujeres. En este caso, los nombres de Enheduanna, Hashepsut,Nefertiti y Cleopatra, se unen a los de los explotados, humillados y segregados por su condición social, étnica, religiosa y sexual.

En ningún momento podemos sostener, sin correr el riesgo de hacer afirmaciones gratuitas y no debidamente sustentadas,que estas cuatro excepcionales mujeres hayan estado en absoluta igual de condiciones que los hombres. El caso más flexible, Egipto, presenta problemas de análisis, cuando al hablar de sus mujeres nos percatamos que en términos generales hacían el trabajo duro, en el campo, en el taller de artesanía, en la casa. Cuando se las retrata se ven siempre más pequeñas que los hombres.

La verdadera originalidad de Egipto radica en que, para el tronco religioso fundamental de toda su teogonía, la reproducción es el motor definitivo de la acción civil, social y cultural de la mujer. Cuando no pueden tener hijos, o cuando los tienen defectuosos,su situación ante la comunidad se deteriora de manera ostensible. Que Hashepsut, Nefertiti o Cleopatra hayan llegado a ser reinas por derecho propio explica muy poco de sus verdaderas acciones políticas, religiosas y culturales.

Su nacimiento noble hizo factibles muchas transformaciones que el poder de sus familias les brindó, pero por encima de cualquier otra cosa, no debemos olvidar que se trataba de mujeres muy inteligentes, intuitivas, amorosas y extraordinariamente perceptivas de la situación en la que estaban viviendo.

De no haber sido así, el mito que los romanos hicieron recorrer por el mundo y la historia respecto a Cleopatra, no hubiera salido de los límites de la misma ciudad de Roma. El mito se tornó todopoderoso cuando generó el efecto contrario esperado por ellos, pues la mujer, Cleopatra, era portadora de una inteligencia tan grande y lúcida, que supo ver en el imperio romano el último bastión para salvar lo poco que quedaba de las glorias del antiguo Egipto. Paradójicamente, Roma se encargaría de recoger y fortalecer esa herencia, para bien de la cultura occidental.

Los besos y el sudor amorosos de Cleopatra en el lecho de Marco Antonio se esfumaron, pero aún está con nosotros la grandeza de la cultura egipcia. Una grandeza que Cleopatra incuestionablemente, como las otras mujeres estudiadas, supo construir con visión, sensibilidad, elegancia y fortaleza. Eso, ni el más misógino de los historiadores lo puede negar.

CITAS.

1 THE CREATION OF PATRIARCHY. (Oxford University Press. 1986) P.37.

2 En la valiosa colección de textos que dirigió ELENA CASSIN titulada LOS IMPERIOS DEL ANTIGUO ORIENTE. Vol.1 DEL PALEOLÍTICO A LA MITAD DEL SEGUNDO MILENIO (México: Siglo Eds.1970) no se hace ninguna referencia a ENHEDUANNA.

3 HAMER, Mary. "Cleopatra VII Thea Philopator" BRITANNICA ON LINE. London, Routledge, 1993. CLEOPATRA AND CAESARIUM PAGE.

4 BLOCH, Raymond y HUS, Alain. LAS CONQUISTAS DE LA ARQUEOLOGÍA (Madrid: Guadarrama. 1974) Pp.55-56.

5 GRAVES, Robert. LA DIOSA BLANCA (Madrid: Alianza Editorial. Edición castellana de 1994) Pp.76-93.

6 Idem. Loc.Cit.

7 RIPOLL PERELLÓ, Eduardo. PREHISTORIA E HISTORIA DEL PRÓXIMO ORIENTE (Barcelona: Labor. 1975) Pp.94-98.

8 WARD, William. "The Egyptian Economy and Non-Royal Women: Their Status in Public Life". Department of Egyptology, Brown University. 21 June, 1995.

9 RIPOLL PERELLÓ, Eduardo. Op.Loc.Cit.

10 ENHEDUANNA´S WRITINGS. THE CONCEPT OF PERSONAL GOD (DESS) COMBINED WITH THE POLITICAL/RELIGIOUS IN ENHEDUANNA´S CYCLE OF HYMNS TO THE GODDESS INANNA. (http://www.astr.ua.edu/4000ws/EN.html.) También (http://www.angelfire.com/mi/enheduanna/Enhedwriting.html.).

11 Idem. Loc.Cit.

12 NÄCK, Emil. EGIPTO Y EL PRÓXIMO ORIENTE EN LA ANTIGÜEDAD (Barcelona: Labor.1976) Pp.326-360.

13 ENHEDUANNA´S WRITINGS. Loc.Cit.

14 Idem. Loc.Cit.

15 Idem. Loc.Cit.

16 Idem. Loc.Cit.

17 Idem. Loc.Cit.

18 RIPOLL PERELLÓ, Eduardo. Op. Loc.Cit.

19 Idem. Loc.Cit.

20 ENHEDUANNA´S WRITINGS. Loc.Cit.

21 RIPOLL PERELLÓ, Eduardo. Op.Loc.Cit.

22 ENHEDUANNA´S WRITINGS. Loc.Cit.

23 Idem. Loc.Cit.

24 Idem. Loc.Cit.

25 BRUNNER-TRAUT, Emma. ALTEGYPTISCHE MARCHEN (Düsseldorf und Kusln.1979 5th ed. 1979 ) Pp. 76-87.

26 GARDINER, Sir Alan. EGYPT OF PHARAOS (New York: Oxford University Press. 1966 )The Eighteenth Dinasty.

27 Idem. Loc.Cit.

28 Idem. Loc.Cit.

29 Idem. Loc.Cit.

30 FÉVRE, Francis. LA FARAONA DE TEBAS. HATSEPSUT, HIJA DEL SOL (Barcelona: Planeta. 1986. Traducción de Josefina Guerrero) Capítulo VI.

31 Idem. Loc.Cit.

32 Idem. Loc.Cit.

33 Idem. Loc.Cit.

34 FRANKFORT, Henri. LA RELIGIÓN DEL ANTIGUO EGIPTO (Barcelona: Laertes. 1998. Traducción de Francesc Ballesteros Balbastre) Capítulo 2.

35 ALFRED, Cyril. AKHENATEN, KING OF EGYPT (London: Thames and Hudson. 1988) Pp234-245.

36 ALLEN, James P. "The Religion of Amarna". En ARNOLD, Dorothea (Editor). THE ROYAL WOMEN OF AMARNA. IMAGES OF BEAUTY FROM ANCIENT EGYPT (New York: The Metropolitan Museum of Art, 1996) Pp.86-97.

37 ARNOLD, Dorothea. "Aspects of the Royal Female Image during the Amarna Period". En ARNOLD, Dorothea (Editor). Op.Cit. Pp. 34-56.

38 TYLDESLEY, Joyce. HIJAS DE ISIS. LA MUJER EN EL ANTIGUO EGIPTO (Barcelona: Martínez Roca. 1998) Capítulo 2.

39 NÓBILE CARLUCCI, Laura Di. LA FAMILIA EN EL ANTIGUO EGIPTO (2 PARTES). 1998. (http://www.lander.es/~aede/laura-1html y 2html.).

40 GARDINER, Sir Alan. Op.Loc.Cit.

41 Idem. Loc.Cit.

42 JACQ, Christian. NEFERTITI Y AKENATON (Barcelona: Martínez Roca. 1997) Pp.190-200.

43 CALVAT, Renaud. "Cléopatre de Virgile á Mankiewicz. Origine et évolution d´un mythe". BULLETIN DE L´ARELAM. NO. XXXII, Juillet, 1995. Pp.43-57.

44 Idem. Loc.Cit.

45 Idem. Loc.Cit.

46 Idem. Loc.Cit.

47 GRANT, Michael. CLEOPATRA (Barnes and Noble Books. New York. 1995)
Segunda parte. Capítulo 3.

48 Idem. Loc.Cit.

49 MARLOWE, John. THE GOLDEN AGE OF ALEXANDRIA (London: Trinity Press. 1971)P.564.

50 PEYRAMAURE, Michel. CLEOPATRA (Barcelona: Planeta. 1998) Capítulo V.

Rodrigo Quesada Monge (1952), historiador costarricense con publicaciones en varias revistas de América Latina. Tiene nueve libros sobre la historia económica, social y cultural de América Central y del Caribe. Premio Nacional (1998) de la Academia de Historia y Geografía de su país.

Si usted desea comunicarse con Rodrigo Quesada Monge puede hacerlo a: histuna@sol.racsa.co.cr

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