Santiago de Chile. Revista Virtual. 
Año 2
Escáner Cultural. El mundo del Arte.
Número 23.
12 de Noviembre al
12 de Diciembre de 2000.

RODOLFO VALENTINO
PRIMER MITO ERÓTICO DEL CINE

Desde Chile, Rubila Andrea Araya Ariztía

Cuando las mujeres de los años veinte comenzaban a experimentar desenfrenados deseos de libertad y de vivir nuevas experiencias, desligadas de antiguos tapujos morales, este actor italiano apareció en las pantallas del cine mudo para inspirar hasta sus fantasías más ocultas.

Dicen que su piel oscura, su peinado perfecto y su par de ojos caídos con los que lanzaba fogosas y penetrantes miradas a delicadas damas, que con sólo sentir su presencia cerca se rendían a sus pies, fue lo que cautivó a millones de mujeres en el mundo. Jóvenes, maduras, solteras y casadas acudían al cinematógrafo a ver cómo con su salvaje y exótico estilo seducía a sus co-protagonistas en cada una de sus películas.

Rodolfo Valentino se convirtió en la fantasía erótica de todas las féminas que en los desenfadados años veinte soñaban con dejarse llevar por los aires de libertad que enarbolaba esta gloriosa e ilusa década y vivir la aventura más pecaminosa, dejando atrás, de una vez por todas, todo rastro de la estricta moral que había sido impuesta tiempo atrás durante la prejuiciosa era victoriana.

Este italiano, con quien nació la leyenda del "latin lover", desplazó al prototipo común de hombre, de aspecto generalmente nórdico, con formales trajes e intachables costumbres, a veces demasiado refinadas, totalmente opuesto al galán de dorada piel que venía de lejanos lugares vestido con pintorescos atuendos a robar la virtud de indefensas doncellas. Y esto fue lo que cautivó, especialmente, a las mujeres del mundo sajón, que vieron en Valentino una vía de escape de una realidad repleta de aburridos caballeros y la posibilidad de fantasear un poco con vivir una ardiente pasión, como la contada por esas rápidas imágenes mudas y , por qué no, imaginar que su amante platónico atraviesa la pantalla para llevárselas con él, tal como le sucede en la película "La Rosa Púrpura del Cairo", de Woody Allen (1985), a una pobre mesera en plena depresión americana de los treinta.

SU PASO POR HOLLYWOOD

El primer mito erótico del cine, cuyo verdadero nombre fue Rodolfo Gugliemi, nació en 1895, en Castellaneta, provincia de Taranto, Italia, sus padres fueron Giovanni Gugliemi y Beatrice Barbini di Valentina d'Antoguolla, de origen francés. Fue el segundo de tres hermanos, Alberto y María, y, según las tantas biografías que hay de él, desde niño manifestó un carácter soñador y rebelde, lo que lo hizo ser más apegado a la madre que al padre, por afinidad de caracteres.

Luego de pasar por varios colegios, sin mucho éxito como estudiante, viajó a París donde se perfeccionó en baile y conoció la vida mundana, lo que lo motivó para salir de Italia, que a juicio de él se le había hecho demasiado pequeña, e ir en busca de oportunidades a Estados Unidos.

El 23 de septiembre de 1913 llegó a Nueva York, donde luego de ser jardinero y camarero, entre otros oficios, comenzó a trabajar como bailarín en el Maxim. Posteriormente, fue pareja escénica de Bonnie Glass y luego de Joan Sawyer.

Al baile le siguió el teatro, sin mayor éxito, pero su incursión en la emergente industria del cine, comenzó cuando se trasladó a California. Aquí, participó en unas veinte películas antes de obtener un papel protagónico.

Su lanzamiento al estrellato vino con la película de uno de los mejores directores del cine mudo, Rex Ingram, "The Four Horsemen of the Apocalypse", célebre por la escena en que baila tango, la cual le valió el comienzo de su fama como sex symbol. A ésta siguieron "Uncharted Seas", "Blood and Sand", "Camille" y "The Coquering Power", de la Metro.

Su imagen de amante irresistible se arraigó aún más en la mente del público con la producción de la Famous Players Lasky, "The Sheik", anterior a "The Yonug Rajah", un fracaso de taquilla, que provocó la ruptura con la Paramount, la que en un juicio consiguió que el actor tampoco pudiera rodar películas con otras casas.

Luego de un viaje por Europa y Estados Unidos, se reitegró al cine con los films "Monsieur Beucaire", "A Sainted Devil" y "Cobra", para finalizar su paso por Hollywood, con las películas producidas por la United Artist, "The Eagle" y "The Son of the Sheik". Antes de que esta última fuera estrenada, en agosto de 1926, una ulcera gástrica terminó con su vida a la temprana edad de 31 años.

LAS AMANTES DEL AMANTE

Este fugaz pero productivo paso por la mágica industria del cine mudo, con el que se catapultó como el primer y más recordado seductor de la pantalla grande, hizo de Rodolfo Valentino toda una leyenda. Para su entierro se organizaron dos procesiones fúnebres, en Nueva York y Hollywood, seguidas por cuadras y cuadras de gente que quería ver a su ídolo por última vez antes ser sepultado en el Memorial Cementery de Los Ángeles.

Se dice que la noticia de su muerte provocó un centenar de ataques de histeria y hasta unos cuantos suicidios de jóvenes que se negaban a aceptar el tan prematuro e inesperado deceso su fetiche romántico, que como todos los mitos de la historia contemporánea, no se salió de la regla y dejó este mundo con los años suficientes como para gozar ante nuestros ojos de la juventud eterna.

Con su fama de icono sexual, creada y fomentada por papeles pensados especialmente para él, en cada uno de los cuales debía explotar al máximo sus dotes como seductor, haciendo gala de los atributos físicos y de los modales que causaban tan devastador efecto en el público femenino, pudo haber tenido a su disposición cuanta mujer hubiese querido, sin mucho esfuerzo; es más, hasta hoy abundan los clubes de fans en su honor y se cuenta que hasta no hace mucho, una misteriosa admiradora vestida de negro dejaba, sagradamente, una rosa en su tumba, cada aniversario de su muerte.

Entre las actrices que fueron la envidia de todas por interpretar ardientes escenas (claro está, para la época) junto a Valentino en alguna de sus películas, la opinión sobre el actor siempre fue la mejor. Nita Naldi, con quien protagonizó uno de los abrazos más apasionados en la película "Blood and Sand", dijo en 1923 que "Su sofisticación tiene mil años". Usted puede verlo en su sonrisa -en esa pequeña y peculiar inclinación de sus ojos"; años después, en 1980, Gloria Swanson, hizo una confesión que da para muchas interpretaciones, "Nosotros teníamos largas y maravillosas cenas, y al terminar, solíamos subir a los corredores de arriba para luchar con almohadas. Yo nunca vi a Rodolfo Valentino tan relajado y feliz".

Pero sólo se conoció a tres mujeres en la vida del actor italiano, con las cuales mantuvo inestables relaciones. La primera, Jean Acker, joven promesa del cine, a quien conoció el año 1919 en una fiesta a la que Rodolfo había sido invitado por Douglas Gerard, uno de los directores del Club Atlético de Los Ángeles, para luego de un tiempo concretar un matrimonio que sólo duró un mes.

La más influyente de todas fue Natascia Rambova, su segunda esposa por la que debió enfrentar un juicio por bigamia al haberse casado antes del año de separado y no respetar las leyes de California. El carácter ambicioso y dominante de la Rambova, hizo que se convirtiera pronto en la que decidía cada paso en la carrera de Valentino, lo que duró hasta que la United Artists, productora de "The Eagle" y de "The Son of the Sheik", en una cláusula prohibió la intervención de ella en las elecciones artísticas del marido, terminando con su desmedida influencia y, de paso, con su matrimonio.

Quien estuvo con Valentino en los últimos años de su vida, fue la actriz Pola Negri. Aunque nunca se pudo descifrar la verdad sobre el carácter de esta relación, fue ella quien hizo el papel de viuda y lloró en su entierro a quien a más de 70 años de su muerte sigue siendo mito erótico más evocado de la historia del cine.

Si quieres comunicarte con Rubila Araya puedes hacerlo a: rarayav@ctcreuna.cl
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