Escáner Cultural

REVISTA VIRTUAL DE ARTE CONTEMPORÁNEO Y NUEVAS TENDENCIAS

ISSN 0719-4757
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Only That Which Exists For Others Can Have Meaning, Rachel Kneebone, 2009 (White Cube).

 

Rachel Kneebone: exceso de cuerpos proliferando hacia el infinito

Marta Hernández Parraguez

 

Si bien los procesos de globalización parecen posibilitar una cierta desmaterialización del arte, haciéndolo ingresar en circuitos y dinámicas sociales nuevas (Rojas, 2012), podemos convenir en que los espacios de exhibición siguen manteniendo un lugar privilegiado en las dinámicas artísticas mismas. La galería/museo continúa siendo uno de los principales lugares de visibilización del arte y, las obras soportadas en materiales tangibles y tradicionales como la cerámica, la pintura o los recursos textiles, parecen seguir apoderándose de dichos lugares, a pesar de la actual expansión de prácticas artísticas como el video arte, el net art, o el arte digital en general.  

Entre aquellas obras que siguen inscribiéndose dentro de disciplinas tradicionales como la cerámica y que, por cierto, siguen produciéndose “a mano” por el mismo artista –o sus asistentes-, se encuentra el trabajo de Rachel Kneebone, artista británica que desde mediados del año 2014 hasta estos días se encuentra exhibiendo su trabajo en diversos museos y galerías de Londres (White Cube, Freud Museum, Breese Little Gallery, etc.). Se trata de varias piezas de porcelana blanca de diversos formatos las cuales –aun cuando parecen pertenecer a un solo gran proyecto- han formado parte de diversas propuestas curatoriales juntos a los trabajos de otros artistas. Evidentemente, cada propuesta curatorial ha tomado alguno de los elementos propios de su trabajo como criterio de inclusión. Entre estos, su carácter erótico (Freud and Eros: Love, Lust and Longing, Freud Museum) o su posible vínculo con el mundo de la Antigüedad Clásica (Classicicity, Breese Little Gallery). No obstante, su mayor trabajo –tanto en tamaño como en proyección- fue expuesto de manera individual en una de las salas de White Cube durante el segundo semestre del año 2014 bajo el título de 399 days.

 

399 days, Rachel Kneebone, 2014 (White Cube).

 

399 days–título que no alude más que a la cantidad de días que la artista tardó en producir la obra-, consiste en una gran torre de porcelana blanca de 7 caras que emerge desde una base geométrica, una suerte de escalera que, dada la fragilidad del material que evidencian sus múltiples fisuras, nadie se atrevería a subir. Se trata de una gran columna de 5 metros y medio compuesta por decenas de palmetas de porcelana desde las que surgen múltiples fragmentos de cuerpos –aparentemente humanos- entrelazados y superpuestos entre sí, y a la vez entremezclados y anudados con sensuales ornamentos florales, drapeados y esferas. Abundan las figuras de piernas cerradas, dobladas y abiertas, pero también algunos fragmentos de torsos humanos que al superponerse y entrelazarse con el resto de los elementos, evocan órganos sexuales indefinidos.  Entre estos cuerpos hechos de fragmentos se encuentra una suerte de hombre de Vitrubio acéfalo, el cual permite uno de los pocos descansos visuales que la torre ofrece. Ciertamente, cada vez que la mirada del espectador sube a través de la gran columna blanca, la diseminación y saturación de cuerpos se vuelve cada vez mayor, haciendo imposible el encuentro con algún patrón de orden.  Una imposibilidad que se hace también manifiesto al intentar dar un vistazo por la estrecha apertura a través de la cual la gran columna insinúa su saturado interior, pues el pliegue que nos ofrece para “ingresar” es demasiado estrecho incluso para permitir un simple vistazo. 

Aun cuando los múltiples cuerpos que emergen de la gran columna se corresponden en apariencia con fragmentos de cuerpos humanos, estos, sin embargo, no alcanzan nunca a constituirse como figuras humanas acabadas, sino que como puro cuerpo. Recurriendo a los términos de Deleuze a propósito de la obra de Bacon, un cuerpo sin órganos, un cuerpo sin cuerpo y sin embargo cuerpo: un cuerpo que “se opone menos a los órganos que a esa organización de los órganos que se llama organismo” (Deleuze, 2002). En este sentido, un cuerpo material que se altera e intenta desbordar al organismo haciéndonos reflexionar sobre el lenguaje mismo, pero que, a diferencia del cuerpo de Bacon, en este caso parecen no cruzar el límite que la misma columna le traza.     

 

I think of death it calms me down, Rachel Kneebone, 2009 (White Cube).

 

A pesar de la vasta gama de relaciones y reflexiones que la misma Kneebone declara respecto de su obra –reflexiones en torno al erotismo, el monumento, el inconsciente, la muerte, etc.), pareciera que una de las relaciones más concluyentes respecto de su trabajo pudiera centrarse en la estrecha relación que este mantiene con el exceso y la proliferación de las formas y, por lo tanto, con su aparente condición Neobarroca.

Una de las características de la estética Neobarroca es proponer una alteración o transformación del lenguaje en la que el lenguaje mismo no cesa de exhibirse como tal, como cuerpo significante, multiplicando al infinito sus posibilidades de significación (Rojas, 2004). Cabría preguntarse ahora  si el trabajo de superposición y acumulación de cuerpos realizado por Kneebone no es más que una mera superficie colmada de ornamentos o si, por el contrario, este exhibe un potencial infinito de significación en el que cualquier posibilidad de significado específico tiende a desaparecer en la abundancia misma de las formas.

Ciertamente, y de acuerdo a Rojas, la estética Neobarroca no trataría únicamente de una exhibición irónica del cuerpo significante en su intrascendencia –operación propiamente posmoderna-, sino que se trataría más bien del desborde del cuerpo significante respecto de la economía de la significación. Es decir, no se trataría solo de una anulación de la significación -algo que podría proponer el arte posmoderno en su afán de exhibir significantes vacíos que no remiten a otra cosa más que a su cuerpo significante- sino más bien de una conciencia respecto del lenguaje mismo, y en ese sentido, a una superación del momento simplemente negativo de la ironía de la cual podría ser portador. Pues, la estética Neobarroca propone una alteración del lenguaje en la que la exhibición del espesor significante no implica una mera disolución del sentido, sino que al contrario, implica que el contenido mismo sea el que, en alguna medida, se vuelva lenguaje exhibiendo un potencial infinito de significación (Rojas 2004). 

 

Driving the blind excess of life to the very edge of death, Rachel Kneebone, 2014 (White Cube).

 

Si bien el aún mesurado intento deKneebone por desbordar su trabajo hacia lo infinito no logra superar su condición de intento, 399 days se presenta, sin embargo, como un trabajo que no solo nos hace reflexionar en torno al exceso y la proliferación de las formas en tanto lenguaje, sino que además nos da la posibilidad de detenernos en las posibilidades materiales de los recursos mismos –la cerámica- y por lo tanto, en los potenciales rendimientos y resignificaciones que la “manualidad” (el hacer manual) sigue ofreciendo al arte contemporáneo. Pues tanto el material –la cerámica –como su manipulación –la producción “a mano” durante 399 días- no cesan de exhibirse en cada punto de la gran columna.  

 


Referencias:

Delueze, Guilles (2002). Francis Bacon: Lógica de la Sensación, Ediciones Arena Libros, Madrid.

Rojas, Sergio (2004). Sobre el concepto de Neobarroco, en Revista de Teoría del Arte n° 11, Octubre 2004.

Rojas, Sergio (2012). El Arte Agotado, Sangría Editores, Santiago de Chile.


Marta Hernández Parraguez (Santiago de Chile, 1981)

Artista visual, teórica del arte y docente. Actualmente reside en Londres.

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