Escáner Cultural

REVISTA VIRTUAL DE ARTE CONTEMPORÁNEO Y NUEVAS TENDENCIAS

ISSN 0719-4757
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A VER SI LE VAN RESPETANDO SUS ARISTOCRÁTICOS TATUAJES

Carlos Osorio

clom99@gmail.com

Pese a todo y después de tantos años fue posible lograra pescar, con ganzúas, señuelos y redes, la autoconfianza necesaria y así ascender, gracias a sus dotes que por suerte fueron bien considerados. Y reitera los agradecimientos y a cada instante reza con devoción al cielo, a dios, a toda su armada que ve encallada por allá en el paraíso. Si no es tan difícil pertenecer a esta rama, es cosa de no hacer mucho ruido de follajes y obedecer la línea de mando, aunque el tronco y la parentela sean requisito. El apellido es importante tanto como la piel que se porta. Ahora, si el medallero incluye una cruz grandota mucho mejor, si es cosa de ver al almirante con apellido de catedral, hasta joroba se gasta por tanto peso en el pecho y peso de la creencia. En definitiva, dios es el mejor copiloto que un marino puede tener.

Tanta meditación de sí mismo lo deprime a veces, le viene la añoranza, es su desdicha por el raro mundo que aún no le ha puesto mucha atención que digamos, también por el rechazo de su familia pese a ser considerado, en algún momento, lo mejor de ellos mismos. Fueron unos cría cuervos astutos; arrancaron antes de que éste les sacara los ojos. Por lo demás –analiza- él también se escabulló de sus fauces. Sin embargo, le aflige que nadie entienda su travesía por la vida, que no comprendan su modo de ver el mundo, su llamado a ser el transformador de la especie humana, el deseo de transformarse en un transbordador cualquiera que ofrezca todo lo mejor de sí mismo, en aras de cargar con el bulto y ocupar el sitial que, insiste, le corresponde. Desvarío inconsciente que lo inquieta de verdad. Y ya luego de varias copas encima, finalmente tararea -quizás, quizás, la nave pasará - y está seguro que, así también, pasarán las penas y los tragos amargos.

De a poco nota que parte del prestigio se acrecienta, el mentado medallero ya ni deja ver sus hombros, que por lo demás son chiquitos. Su hinchado pecho se balancea según la marea que lo fluctúa. Aprovecha su estatus para posarse cada vez que puede en la punta del mástil, porque es allí en donde más las condecoraciones titilan y el sonido de dorados metales se desparrama a babor, es un coro que anuncia su destino, es la tonada que hará bailar a su ritmo a todita la embarcación, a cuanto bicho contenga el mar y, por supuesto, a la humanidad entera. Si hasta el arcoíris que a lo lejos observa la ridícula escena, se intimida, como que se opaca y diluye. 

Ya da órdenes a los reclutas, son sus súbditos en todo caso. ¡Pobres! Ya ni descansan de tanta obligación absurda que les procura; que todos bien formaditos, que púlanme la cubierta mientras la tormenta, que amarren el agua, que soplenme la vela, que falta brisa, que cacen gaviotas al vuelo y, si pueden, codornices para la cena. Y así los tiene, bien trapeados y absortos, ejercicios de poder del noble oficio náutico, se dice. Además, dentro del manual de las doctrinas de seguridad, es necesario tener atenta y si se puede desvelada, a la tropa en pos de la defensa más acérrima de los límites territoriales. Para ellos, en cambio, tan sólo una mueca, apretar los dientes y contener las enormes ganas de amotinarse y de colgar al capitancito éste de todos sus púdicos grados.

Ni siquiera el rechazo u otras afrentas complican al marino miguelangelito, ninguna mácula en su quéhacer y vestimenta se perciben, esto no es más que un sinónimo de lo bien que todo marcha o navega, es el compás marcial y genuino que siempre quiso. Cada día que pasa se esmera en su higiene, el blanco uniforme lo muestra de a de veras compuesto, su gorro de insignias lo encumbra sobre el resto de la tripulación, la pipa pareciera prende su arrebato, ni hablar de los pulidos zapatos, que ya no son los mismos que tanto cuidaba, sus charolones son la mejor adquisición que ha hecho, le calzan como a la misma cenicienta, los adquirió en ése su primer transatlántico por el mundo, fue después de vagar sin rumbo en aquel puerto europeo con fama de jaranero, justo en semana santa y luego de varios bares repletos de frutas de la estación, se armó de valor para invitar a su suite… al cuartucho arrendado para la estadía, a la bailarina más cotizada de la noche, que con el tiempo se transformaría en la madre de su segundo hijo, fue ella la encargada de vender sus viejos y regalones mocasines en aras de seguir con la fiesta, de darle a la parranda, fue un buen pretexto, de por sí ya andaba apestada de soportarlos. Por lo demás, qué tanto, valía la pena perderlos; ella era igualita a su madre, aquella que no cesaba en sus deseos más ocultos, que no había marinero que no parara su camino e invirtiera incluso sus zapatos en pos de poseerla. De allí su adicción por ella, de volver a la pasión que le regalaba cada vez que visitaba esa zona del mundo.

Pese al esfuerzo los altibajos continúan, su cautela y desconfianza cada día se acrecientan y no le cree mucho a los contiguos del barrio costero, ha notado la misma suspicacia de sus superiores hacia las marinas limítrofes; las nota sumergidas en guerras de baja intensidad, como escondidas y camufladas, como queriendo preparar el abordaje en contra de ésta su patria, es así que pasa una parte importante del día, con la venia de su comandante, sumergido en tareas de observación, en postura de vigilancia y acecho, los binoculares, obsequiados por el borracho comodoro y vecino colindante de su casa, son sus favoritos para tal misión; para auscultar el movimiento de embarcaciones con bandera enemiga. Es un dulce marino al acecho y no está dispuesto a tolerar invasiones y menos entregar alguna gota de agua salada a quién ose robarla, menos pescados y frutos del mar, salvo sean transnacionales que hayan firmado algún convenio previo con las autoridades nacionales, de acuerdo a lo estipulado en los asuntos de distribución de la riqueza y que son, también, temas que atesora en su cofre ideológico y que, claro, le apasionan.   

Pasará momentos inacabables en esa tarea, se tomó a pecho la necesidad de proteger la tierra que lo vio nacer, de embarcarse y defender con la vida si fuese necesario la arremetida de otros, son conceptos, se aclara, que cada patria dona en pos de obsequiar xenofobia a los fanáticos que la habitan, son costumbres por lo demás que adquirió en su infancia hogareña y en cuanto recinto fue inscrito, será parte y arte de su experiencia acumulada, si es cosa de recordar su incapacidad de compartir golosinas, era tanta su furia y egoísmo que siempre fue necesario aislarlo de cumpleaños y cuanto evento colectivo existiera, de las piñatas incluso, he allí una fortaleza que lo hará cada día más amigo del chovinismo, desde luego del nacionalismo.

Y a propósito de experimentado y viajado, de tener un pasaporte con demasiadas páginas y sellos de distintas naciones, de nómade anfibio sin más, se revuelca en cada playa que siente a su paso, entre que lo hacen más libre, más aireado. Sentarse frente al mar lo despabila. Su lógica es que la tierra toda lo vaya reclamando de a poquito, que le grite lo que corresponda, que le anuncie sus deseos, que lo vaya estimulando como necesario, que no pierda de vista sus capacidades en cada puerto es donde siente, por quienes lo acogen, un gran espaldarazo a su auto propuesta de ser héroe.

Sin embargo, no faltan los resentidos que se acercan a la embarcación con intensiones de boicotear su remanso sueño, son pancartas y gestos mustios que se reiteran en varias capitales del orbe, gritos y consignas contrarias a la presencia del navío, de sus tripulantes, hasta embajadores y cónsules se hacen presente en aras de aliviar la tensión que allí surge, simplemente se encargaron de llamar a la fuerza pública local y ya luego de la represión hacia los convocantes y en señal rastrera, casi de lameculósculos, saludan protocolarmente al distinguido y lleno de chapitas oficial a cargo, de ese modo se lava la ofensa, de paso el orgullo patrio ante la acometida de resentidos exiliados, y claro, si son exiliados seguramente serán porfiados.

A propósito de gritos y extraños gestos, desde hace un tiempo a la fecha nota cierta preocupación a bordo, asuntos sin competencia se dice, de otra índole y que, contra sus deseos, pasaron a transformarse en un dolor de cabeza permanente; simples rumores, tímidas confesiones, hasta ciertos chistes de mal gusto han dado pié a que crezca la curiosidad, y el temor, como si se tratase de una ola que no ceja en su afán. Y ocupa su bitácora en donde anota sin descanso aunque hay veces que no alcanzan las hojas para detallar tanto suceso que allí aconteció años atrás, en aquella época donde cientos terminaban sus días indefensos, humillados, ahorcados, fusilados, impunemente asesinados y arrojados al mar.

Y claro, si el río suena es porque piedras trae. Si es una cosa de locos tanta información que se va apareciendo; torturas y asesinatos que no se atreve a mencionar en público, menos ante sus subalternos, si hasta se imagina algunos sublevados, nunca todos, porque si bien desliza que a veces sobre cubierta penan, que son ánimas desesperadas, que gritan su dolor, está dispuesto a sembrar la duda y desperfilar el asunto, además que cuenta con respaldo institucional y con una serie de oficiales aliados en extraños pactos de silencio, que permiten dar la cobertura necesaria, para que todo funcione como dios manda y claro, a río revuelto, ganancia de… cómplices. 

¡Pero si ya esos temas están resueltos! se dice y se pregunta y se responde al mismo tiempo - ¿Acaso no bastan informes, mesas, comisiones e indemnizaciones? ¡A otro perro con ese hueso! alcanza a maldecir, a ladrar mejor dicho, antes que un nuevo grito por allá en la proa alerta a la tripulación, efectivamente se trata de un grupo de jóvenes oficiales que arrancan entre platos y ollas del casino ante tanto crujido y situaciones sobrenaturales que se están sucediendo incontrolables, patitas para qué las quiero es su lema, varias siluetas negras corren tras ellos repitiendo hasta el cansancio, lanzando panfletos sobre la vela mayor, junta a la bandera, acusando en coro a distintos comandantes, oficiales y reclutas en servicio activo y a los otros ya jubilados.

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