Escáner Cultural

REVISTA VIRTUAL DE ARTE CONTEMPORÁNEO Y NUEVAS TENDENCIAS

ISSN 0719-4757
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SE OFRECE SPARRING MEDIO PASADO DE MODAS

Carlos Osorio

clom99@gmail.com

Definitivamente no le cuadró la idea de ingresar a la academia de guerra, no es lo suyo y tampoco hubo caso convencerlo para que insistiera. Se amurró. Al primer día de practicas, luego de varias semanas concentrado en la teoría, en los macartur y en los romels, fue imposible que demostrara sus aún temerosos dotes y cualidades en aprestos militares, de mostrarle al mundo, al sargento que no paraba de putearlo, sus jueguitos de guerra, esos que bien recuerda y que practicaba con el bélico tropel de mal paridos hermanos que se gasta, las palizas eran su constante grito de guerra, quedó convertido en un mamarracho de su propio destino, que hasta la piel arruga y el escalofrío lo invade al recordar cuando aparecían con palos y macanas a darle como piñata, esa era la señal casi divina para arrancar y esconderse bajo las faldas de su madre, tan ligera ella en consentir y refugiar en su alero al pobre y sofocado mancebo de en-aguas tomar éste.

De hecho, con ellos ni a misa, ni siquiera los nombra, se ahoga al recordarlos. Fueron los verdugos que le hicieron la vida imposible por su condición de mimado, amanerado, mamón, chillón, que no soportaban verlo como el hijo pródigo, como el favorito. Se coludieron para hacerle la vida imposible, se sentían pasados a llevar en su honra, menospreciados por los de su misma sangre. Crecieron con cierta normalidad eso sí, se sienten plenos a pesar de aquellos dos especímenes, los gemelos, los menores, que siempre fueron mal vistos; uno, asexuado que tira para cura y que lee eternum, como si se tratara de relato deportivo, los salmos y parábolas de la añosa biblia herencia del abuelo, para luego de cada párrafo escupir al cielo en señal de protesta, porque insiste en la poca credibilidad del poderoso referi de allá arriba, el otro, le dio por la zoofilia y emigró a la selva hace muchos años, allá vive feliz según la última foto en donde aparece recostado junto a un par de animales que se lo afilan a destajo, a la fecha no hay caso entienda que es imposible tener de pareja sexual a un caimán y a un mono de culo colorado.

Y se acuerda, mientras elonga el ejercicio impuesto como castigo por su pésima performance cuartelera, que desde muy temprana edad fue sometido a la burla y a demasiados apremios, alguna vez todos se confabularon en pos de darle muerte, si acaso no lo sentían parte suya, también el odio daba sus frutos. Nada que agregar, son un punto negro en su esmirriada existencia y pocas veces, ninguna más bien, los recuerda con cariño. Al último que logró divisar, en aquel frecuentado centro de esquí, dio media vuelta y marchó rapidito, se deslizó mejor dicho, cual anguila, perdiéndose definitivamente ante la multitud y la nieve que todo lo enfría.

En fin. Ya de vuelta a su realidad post recluta, a ese breve intento por enaltecer su figura de héroe, no oculta cierta decepción por sus altibajos, por cierto, de la milicia; estaba seguro que lo mandarían a Vietnam, según él, para recibir un buen balazo y terminar condecorado por generales de la república, por el presidente inclusive y, de allí, encaramarse al monolito en su calidad de busto broncíneo, era cosa de horas nomás, triste fue enterarse que aquella invasión pertenecía a la historia, lamentó el no darse cuenta que, tanto él como los libros y enciclopedias de la casa familiar, jamas se habían actualizado.

Y ya ni duerme, porque le duele hasta el sueño pensar en las tropelías que tuvo que soportar, a mano de los hiperventilados y audaces conscriptos compañeros, en esos cursos de milicia exprés que tanto deseaba su padre, ansiosos por demostrar sus destrezas en las artes guerreras, eran un tiro al aire, no dudaban en crucificarlo y danzar a su alrededor, prenderle fuego a sus pies a veces, arrojarle piedras y así un sinfín de modalidades del excelso manual del recluta, varios fueron condecorados y acuartelados de urgencia por sus sorprendentes habilidades que ya los tiene a punto de ascender de grado académico, no era el caso de miguelangelito, que pese a su violento paso por kinderes, escuelas, institutos, en donde la pauta fue enderezarle toda manía y tara donada por la familia, a la hora de la verdad militar era un calladito y reservado, el asunto es que quedó literalmente chato, convertido en pellejería ante el maltrato físico que recibió su orgullosa estirpe de manos de sargentos, oficiales y rasos, cada zamarreo, puntapié, bofetada, se transformaron en desagradables metáforas del trato recibido en casa, en esa parcela de violencia intrafamiliar previa y que aún lo tienen a mal traer al pobre.

Con todo, y pese al score en contra, piensa emigrar a la prestigiosa escuela naval en donde, dice, la casta de prohombres se lava toditos los días, que no hay grumete que no provenga de buenas familias, educadas y acaudaladas como la suya, nada que ver con los arribistas del deslavado ejercito, que acá se está al tanto de las profundas coyunturas y estudios estratégicos del plancton y de la evolución del krill, que nunca es tan vil el trato, que por lo menos los guantes blancos amortiguan la paliza, que en el mar la vida es más sabrosa y el apellido, con un poco de salmuera o sal marina, se refina en aras de la altivez de la clase. Supone que matricularse de marinero, lo hará acreedor del beneficio, del milagro más bien, de echar su cuerpo a remojar todos los días por más escafandras le obsequien, porque ya es una cosa insoportable y hedionda el olor a pescado y no hay forma que serene la neurona del aseo.

Que acá en la marinería se reza y se admira al eterno de lo lindo, que en sus aulas pura jauja, porque en ellas se han forjado tremendos ideales de la patria, altivos próceres y héroes de gallarda y brava figura, si es cosa de ver las fotos sepias que se amontonan en el húmedo mausoleo junto a las jeringas antirrábicas, por las agallas, por el coraje y la rabia acumulada en cada retrato, que si bien muchos murieron ahogados, no lo asusta la posibilidad de imitarlos, total, por la patria y por el honor, vale la pena un buen chapuzón o remojón y, si es necesario, nadar al clásico estilo perrito, sería algo así como abrazar, de paso aullar, la esencia misma de la identidad nacional.

A propósito, últimamente cierto contraalmirante ®, un jurel tipo cetáceo de apellido vinoso, contrario a todo lo que huela a terrenal democracia, acérrimo de las cofradías legionarias y actual vecino, se encarga de entusiasmarlo, de incitarlo, porque es un verdadero estratega en eso de convencer y de conspirar, y todo, para que aborde los barcos antes que encaramar su prestancia infante en algún tanque o caballo, antes que la manu militari y sus doctrinas siempre al filo de la legalidad, y de la ilegalidad también, depende claro está, le puedan pasar por encima, lo cojan desprevenido y termine en la retaguardia de algún ejercito de parias.

El tono profundo, como la ronquera de las aguas del mar territorial pareciera, le permite a este solemne marinero de altas marejadas de ron y guisqui y de baja reputación, por más medallas le cuelguen, contarle sobre la maravilla de llegar cada vez a puertos distintos. Y viene el recuerdo, es un popeye el condenado que a puras algas enlatadas mantiene lúcido su alzheimer, e hila su relato y hace de sus desvaríos una verdadera añoranza a su pasado tan lleno de costas, playas, almejas, mujeres, mariscos, combates imaginarios, invasiones, cholgas, de ahí que se luce en la anécdota e impacta a su anonadado interlocutor y futuro simbad, con los méritos de tanto estudio superior en la ymca, de ahí que su amanerado gesto, a la hora de hincar la expresión, delata su egreso corsario. 

Y a miguelangelito, el asunto de tatuarse alguna sirena en el pecho, chiquita eso sí, para no ser confundido con rufián o ladronzuelo, de estar a la moda supone, lo entusiasma. Nunca esculpirse un musculoso marino, esas son antiguas mariconerías, le aclara el maestro toda vez que le enseña los suyos que lucen entre borrosos y desproporcionados por el paso de los años y las charchas que le cuelgan, en las filas del ejercito aprendió y sí que fue meritorio aprender semejante pelotudez, está mal visto tatuarse la piel con monos o todo tipo de rayados a no ser que se trate de águilas y barras con estrellitas, con dios o la virgen, el equipo de fútbol de sus amores, el nombre de su amorío de turno, el grupo de rock del momento, las siglas de algún servicio secreto o el número de muertos a su haber de alguna extraña y cobarde guerra subversiva, si se puede y de un modo más atrevido, le sugiere pintarrajearse un coño o un pene con alitas de mariposa, ideal este último para quienes confunden su tranco y terminan marchando al revés, en contraposición de la viril tropa, como pareciera es el caso de miguelangelito.

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